Atendiendo a tu Señor

Servir con excelencia implica esfuerzo y dedicación. Aprende a ser un siervo útil y obediente que haga más de lo que se le pide.

Atendiendo a tu Señor

Cultura de servicio

Todos hemos escuchado la frase: “El cliente siempre tiene la razón”. El significado real  es “el cliente merece la atención”. En una empresa siempre buscamos atender bien a nuestros “clientes externos”.  Los médicos atienden bien a sus pacientes, en los hoteles se consciente a los huéspedes, los bancos se esmeran con sus cuentahabientes.  Esta cultura de servicio es excelente y debe ampliarse a quienes, en las ciencias de la administración, se les llama “clientes internos”.  Los Gerentes, administradores y todo el personal deben verse como clientes bien tratados. Por ejemplo, un famoso médico llamado “Patch” Adams revolucionó la atención a los pacientes. Los trataba con calidez, por nombre propio, no por número de cama. Dejó de lado la distancia profesional y logró mejorar la salud de las personas.  Debemos aplicar la cultura de servicio con quienes nos rodean.

Útil y obediente

En Lucas 17:7-10  leemos: ¿Quién de vosotros, teniendo un siervo que ara o apacienta ganado, al volver él del campo, luego le dice: Pasa, siéntate a la mesa? ¿No le dice más bien: Prepárame la cena, cíñete, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come y bebe tú? ¿Acaso da gracias al siervo porque hizo lo que se le había mandado? Pienso que no. Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.

Este pasaje de la Biblia es fuerte porque cuestiona nuestra eficiencia como trabajadores y nos ofrece una nueva perspectiva del servicio.  Imagina tu trabajo, piensa por un momento cómo te comportas. ¿Esperas siempre recibir las gracias por lo que haces? Cuídate de no ser una persona frustrada por no recibir reconocimiento.  Al contrario, agradece siempre lo que recibes, aún cuando nadie te agradezca lo que haces.  El salario que recibes es la justa retribución por tu trabajo. Evita ser el conflicto y el problema. Donde estés debes ser bendición, más que bendecido.

El Señor dice que es inútil aquel que hace solamente lo que se le ordena.  Es duro, pero así está escrito. No lo dice el ministro de trabajo, ni tu jefe, lo dice Jesucristo, el Señor de Señores. Por lo visto, el Código de Trabajo bíblico es más exigente que cualquier otro del mundo.  Si haces solamente lo que te piden eres inútil. Según la Palabra, serás útil cuando hagas más de lo que esperan de ti.

La Biblia habla de 6 días laborales de 12 horas cada uno.  Así que no te quejes por las 40 horas que trabajas, porque son menos que las 72 indicadas en la Palabra. Si te contratan, no preguntes por los días libres o los horarios, al contrario, evidencia cada vez que puedas tu disposición a dar más de lo que te piden.

Jesús también nos habla de obediencia. Saúl fue quitado del trono por desobediente.  Al darse cuenta de su error intentó ofrendar, pero Dios le dijo que la obediencia era mejor que cualquier ofrenda. Entonces el Señor encontró a David, varón conforme el deseo de su corazón, no porque le cantaría con júbilo y alegría, sino porque haría todo lo que  Él le mandara.

Todos quieren hacer lo que “les nace” y no lo que se les ordena, entonces los jefes acceden pero toman nota de esa resistencia a la autoridad. Si quieres avanzar en tu trabajo, haz puntualmente lo que te piden. Puedes mejorarlo pero nunca lo cambies según tu gusto o parecer. Aprende a ser obediente. Esto no significa que no puedas aportar tus opiniones.  Por el contrario, significa que debes esforzarte y cumplir con excelencia lo que te piden. Piensa que para un ascenso escogerán a alguien en quien puedan confiar. La obediencia te convierte en persona de bendición.

Jesús enseñó obediencia a sus discípulos.  Los preparó para que fueran obedientes aún cuando ya no pudieran verlo. Solamente así, recibieron al Espíritu Santo que no veían.  Enseña obediencia a tus hijos, porque aún cuando ya no estés, serán capaces de recordar y poner en práctica todos los valores que les compartiste. 

Recuerda que útil es quien ofrece más de lo que le piden y obediente es quien tiene la capacidad de hacer lo que le ordenan. Jesús busca personas útiles y obedientes.

Respetuoso y servicial

Había una época cuando honrábamos a nuestros mayores y líderes. Antes era bien visto llevarle un regalo a la maestra de la escuela.  Los alumnos le compartían algo de su comida, una manzana, mandarina o lo que fuera, pero se tenía ese detalle amable.  Ahora a quien lo haga se le critica como interesado y manipulador. También era común que los alumnos respetuosamente se pusieran de pie y saludaran cuando alguien entraba al salón de clases. Ahora ni siquiera se voltean a ver hacia la puerta.

Las tareas del siervo que la Biblia nos presenta eran labrar y pastorear, sin embargo se le pedían otras obligaciones a las que no debía negarse.  Nadie quiere hacer más de lo que le corresponde. Probablemente esta falta de compromiso es lo que nos ha llevado a la actual crisis económica y de valores.

En estos tiempos es difícil encontrar una secretaria atenta y detallista.  Gracias a Dios yo tengo una asistente eficiente que todavía me pregunta si puede retirarse, aún cuando ya ha pasado su hora de salida. También puedo pedirle que me prepare un café aunque no esté anotado en el contrato de trabajo como una de sus obligaciones.  Esta debe ser la actitud correcta. Demuestra ser una persona servicial que no mide su esfuerzo.

Para  servir y atender hay que establecer prioridades. Cuando en las Cruzadas no se abren las puertas en el momento indicado, me molesto y reacciono como chichicúa bautizada en jugo de limón. Es importante atender y servir a las personas, sobre todo cumplir con lo que se ofrece. Además es indispensable atender a quienes te dan trabajo. Primero atiende a tu familia y luego a tus amigos. Antes de tus compañeros de trabajo están tus jefes. Regresemos a la cultura de respeto a los mayores y a los líderes.

Ceñirse  para recibir bendición

En la parábola, al final del día el amo no le pregunta al siervo si está cansado, le pide que prepare la cena, se ciña y le sirva.  Luego podrá comer de esa misma comida. Esta es una gran promesa. Si el siervo se retira al final de la jornada a la casa con los demás siervos, comería con ellos de la comida para jornaleros. Pero al ir a la casa del amo, prepararle la cena y servirlo,  tiene la oportunidad de comer de su mesa. El siervo que obedece y atiende a su señor al final del día, recibe un mejor alimento y  mayor bendición. Esto implica un esfuerzo extra porque exige hacer algo que no le corresponde.  Entonces la clave está en ceñirse, que significa sujetarse.

Aquellos que deben levantar un peso muy grande, utilizan un cinturón que sirve de soporte para la cintura y protege su columna vertebral. Justamente eso es lo que debemos hacer. Para poder hacer un mayor esfuerzo, cíñete y sirve, porque siempre  habrá una recompensa para aquel que lo haga.

La palabra fresca y revelación con la que Dios me bendice  no la saco de cuidar ovejas, sino de ceñirme cuando ya no tengo fuerzas y servirle la cena a mi Señor.  Levanto mis manos y le digo: “aquí estoy para atenderte, qué más quieres”.

Al final del día, luego del discipulado, la célula y el servicio en la iglesia,  preséntate frente a tu Señor, sírvele la cena y pregúntale  qué más puedes hacer por Él. Ten por seguro que su respuesta será: “quédate conmigo, come junto a mi y conversemos”.

Un hacendado le dijo a un siervo que durante su ausencia le construyera una casa. Al siervo le pareció injusto y obedeció de mala gana. Utilizó materiales de poca calidad, no se preocupó por los acabados e intentó disfrazar la mediocridad de la obra. Al volver el amo, le entregó las llaves y le mostró la casa.  Entonces éste le preguntó si le gustaba, a lo que el siervo respondió afirmativamente. Así que el patrón le dijo: “toma las llaves, la casa es tuya, te la regalo porque sé que anhelabas una, pedí que las construyeras para ti”.  Imagina la reacción del siervo. Tuvo la paga justa a su mala actitud. Procura que esto no te suceda. Da siempre tu mejor esfuerzo.

Ofrece siempre la mejor cena al Señor porque seguramente de ella comerás. Dale la mejor adoración porque Él te honrará de la misma forma.  Este año puedes declarar prosperidad en medio de la crisis, salud y todo lo que quieras, pero especialmente decláralo como el año para adorar a Dios y  atenderlo como nunca antes lo has hecho.  Cíñete y atiende a tu Señor.

Ten presente que además, debes ceñirte para atender a tus jefes terrenales. En la empresa donde trabajas no debe existir alguien más obediente que tú. 

No seas siervo inútil. Si estás cansado, busca un cinturón para sujetarte, saca fuerzas de donde puedas y siempre da más de lo que te pidan. Atiende a quien te da órdenes, que no te importe lo que piensen o digan los demás. Apóyate con la Palabra, recítales  Lucas 17:7. Ser buen cristiano significa ser un trabajador que se esfuerza y destaca. Sin importar a lo que te dediques, siempre demuestra tu compromiso y sé útil.  Y lo más importante, atiende a tu Señor, nunca te acuestes sin servirle la cena y compartir con Él.

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