No aceptes el no

Cree, lucha y esfuérzate por alcanzar las promesas de Dios para tu vida

No aceptes el no

Necesitamos renovar nuestra fe, así como renovamos las fuerzas. No hay duda que tenemos fe, cada uno tiene su medida personal, la cuestión es saber si tenemos los pantalones para activarla, porque muchas veces, el miedo nos detiene. Siento temor a las alturas, pero he vivido experiencias en las que he tenido que vencerlo. Recuerdo cierta vez en Toronto, Canadá, con algunos pastores del equipo, subimos a una de las torres más altas del mundo. El piso en el último nivel es de vidrio y mientras ellos se tiraban al centro de la habitación, yo me senté en una orilla y avancé deslizándome hasta donde ellos estaban porque me mareaba ver la altura a la que nos encontrábamos. Algo parecido me sucedió en un centro turístico donde me retaron a tirarme de uno de los toboganes más altos. Gracias a Dios, mi trabajo no depende de vencer el temor a las alturas, porque sería muy difícil, pero debo concentrarme en vencer los temores que podrían afectar mi rendimiento en el trabajo que hago, especialmente para emprender los retos que Dios pone en mis manos. Lo mismo sucede en todas las áreas. Un clavadista olímpico, sí debe vencer ese temor a las alturas y estoy seguro de que en el proceso algunos lo han logrado y otros no. Eso es lo que identifica a los campeones: enfrentar y vencer sus temores para lograr aquello en lo que creen.

Esfuérzate y sé valiente
En el desierto, Dios le dijo a Moisés que Su presencia siempre estaría con él. De esta forma lo motivó a sacar al pueblo del desierto, porque era lo que le correspondía hacer, pero Moisés le respondió devolviéndole la responsabilidad al decirle: “No nos saques de aquí si no vienes con nosotros”. Con esas palabras parece que está evadiendo su tarea, ya que Dios los sacó de Egipto, pero Moisés era quien debía sacarlos del desierto. Lo mismo sucede ahora, el Señor ha prometido estar con nosotros, pero eres tú el responsable de avanzar. ¿A dónde llevarás a Dios? Él espera que te esfuerces y llegues a tu meta.

Josué 1:6 leemos lo que Dios le dice a Josué: Esfuérzate y sé valiente; porque tú repartirás a este pueblo por heredad la tierra de la cual juré a sus padres que la daría a ellos.

Cuando se levantó la generación que finalmente conquistaría la Tierra Prometida, Dios le pidió a Josué que fuera valiente y se esforzara. No le dijo que creyera porque era evidente que tenía fe. ¡El pueblo de Israel creía en la promesa del Señor desde el tiempo de Abraham! Pero no habían podido entrar en esa tierra porque les faltaba el valor para luchar por ella. Entonces, con Josué era el momento de lograrlo, habían creído durante mucho tiempo, pero debían tener los pantalones bien puestos para hacer vida esa fe.

La fe necesita valor. David estaba convencido de que podía vencer al gigante, pero necesitó valor para enfrentarlo. Sé valiente, tienes fe, ¡ahora necesitas el coraje para realizar tu hazaña! Creemos que Dios puede bendecirnos, pero tenemos engavetados los proyectos por falta de valor. No permitas que tus sentimientos de temor sigan dominando y traicionando tu fe.

Levanta tu nivel de fe
Nuestra fe debe crecer. La fe con la que le declaras amor a tu novia, no es la misma que te ayuda a superar 10 o 15 años de matrimonio. La fe crece y madura. La fe de David ante Goliat tuvo que ser más fuerte que la que lo hizo vencer al león ante las ovejas de su padre. Ese nuevo reto requería una fe renovada. Debemos estrenar una fe nueva cada vez que emprendemos un reto.

A veces, cometemos el error de tener fe para salir de las dificultades, pero no para avanzar y alcanzar nuevas alturas. Por ejemplo, cuando nos diagnostican una enfermedad grave, demostramos gran confianza en que Dios puede sanarnos, pero si gozas de buena salud, no ejerces tu fe para pedirle al Señor que tu cuerpo se desarrolle con más vitalidad y energía. No caigamos en el error de creer que la fe solamente es buena para sacarnos del pozo, porque también es efectiva para llevarnos a la cumbre. Si debes $1 millón, le pides al Señor con toda tu fe que te ayude a pagarlos, pero piensas que es vanidad pedirle ese $1 millón para construir las casas de tus hijos o darles una vida más cómoda. ¿Qué nos pasa? Levanta el nivel de tu fe porque la estás utilizando como un salvavidas, no como tu arma más poderosa en la vida. Claro que la fe puede sacarnos de problemas, pero debes incrementarla para que te sirva en el proceso de alcanzar el éxito. La fe que el Señor nos ha dado es para salir del desierto, pero también para conquistar la tierra. En el desierto, el pueblo no hacía nada más que caminar y recibir provisión del cielo, en la Tierra Prometida, debían esforzarse y luchar. ¿Por qué podemos tener fe para restaurar nuestro hogar, pero no para ser más felices cuando todo va bien? No es necesario estar hundido para que tu fe se active, ya que también podemos activarla para que nos lleve a nuevas alturas, cuando todo va bien. Cierta vez, durante un viaje a un lago, escuché que un amigo le pedía a Dios: “Padre quiero que me des una lancha bonita para esquiar y disfrutar”. Indignado le dije: “¿Cómo se te ocurre pedirle semejante cosa?” Y él me respondió: “No te lo estoy pidiendo a ti. Deja que yo le pida y que Él me responda”. Luego me di cuenta que tenía razón, nuestro Padre desea darnos abundantemente, Él no es escaso y nos motiva a que incrementemos nuestra medida de fe para pedir todo.

Santa terquedad
Mateo 15:22-29 relata: Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: ¡Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

Este pasaje de la Biblia nos muestra la medida de fe de una mujer que insistió hasta conseguir lo que buscaba. Cuando lo leemos, suena como si Jesús hubiera asumido una actitud racista, pero no fue así. Lo que Él buscaba era retar la fe de la mujer para que estuviera al nivel de lo que pedía. El pasaje desafía nuestro discernimiento porque vemos a Jesús rechazando a alguien que le pide un milagro. Podríamos asumir que la despreciaba, pero era como un padre que al buscar un bien para sus hijos los enfrenta a situaciones que a ellos les pueden parecer difíciles. Si les pones todo en bandeja a tus hijos, no maduran ni les enseñas el carácter para luchar por lo que anhelan.

Cuando la mujer llegó ante Jesús, su fe tenía un nivel menor al deseo por ver sana a su hija. Cuando un deseo es mayor que la fe para alcanzarlo, te alejas del éxito porque estás enfocado en el problema y no en la solución. Tus emociones nunca deben ser mayores a tu fe, por eso es necesario el dominio propio y el control, porque de esa forma, tu fe supera a tus sentimientos y provoca que el milagro ocurra. Si deseas sanidad, debes enfocarte en la salud, no en la enfermedad, debes demostrar que tu fe ha llegado al nivel de asegurar que estás sano. Pero si estás lamentándote, si tus emociones y aflicción te dominan, si te concentras en la enfermedad, la fe se ahoga y no produce fruto. Por eso, en las cruzadas de milagros, yo no me concentro en comprender el padecimiento de las personas o en sentir tristeza por ellas, al contrario, supero mis emociones y declaro la sanidad, mostrándole a Dios que el nivel de mi fe es mayor a la intensidad de mis sentimientos. ¡Eso es lo que Jesús buscaba en la cananea, aumentar y reforzar su fe para que el milagro sucediera!

Y, ¿cómo lograría que la fe de la mujer se hiciera más fuerte? Pues provocándola a que buscara con insistencia y dominara sus emociones. Ante un problema grande debe levantarse una gran voluntad para resolverlo. La única forma de salir de las pesadillas es tener un sueño tan grande que las anule. La cananea pudo sentirse ofendida y alejarse cuando fue ignorada, cuando escuchó que los discípulos le pedían a Jesús que la despidiera, o cuando el mismo Jesús parecía rechazarla. Pero ella estaba convencida de que si insistía, su hija sanaría. Si ella permite que sus sentimientos de rechazo la dominen, hace morir su fe y a su hija. No permitas que tus sentimientos ahoguen tu fe.

Jesús sabía que la fe de esta mujer necesitaba resistencia para crecer. Lo mismo sucede con tu fe que necesita resistencia y oposición para ser más fuerte y vencer los obstáculos. Nadie valora lo que no le ha costado esfuerzo. No conocemos el éxito si no podemos contrastarlo con el fracaso, así que todo lo que parece contrario, realmente está preparando tu victoria.

Imagino que Jesús al hacerle el camino difícil a la mujer, estaba orando en su interior para que ella no desistiera y tuviera esa “santa terquedad” hasta que su fe alcanzara el grado necesario para ver su milagro. Al final, ella le demuestra que está lista para recibir porque le asegura que su hija sanará, si le da esa bendición que otros desperdician. En ese momento, Jesús le dice que ¡se haga como ella desea! No hay más resistencia, su fe llegó a alcanzar el nivel adecuado para recibir. Prácticamente Él la empujó para conseguirlo.

Si Él me hubiera dicho que se hiciera como yo quería, le pido sanidad y un buen esposo, dicha, paz y felicidad para mi hija. ¡Incluso le pido el orden en el que quiero que nazcan mis nietos! Esa sería la mejor forma de demostrarle que mi fe ha alcanzado un nivel que me llevará más allá de toda expectativa. ¡Pídele porque Él desea ver que tu fe es grande! No seas como aquellos a quienes invitan a un gran banquete y lo desperdician tomando solamente un vaso con agua.

Deja de lado esa necedad que te impide ver crecer tu fe y limita tu potencial. Comprende que lograrás todo lo que te propongas en la medida que creas y afrontes los retos para lograrlo. Dios no se asusta por lo que pides. ¿De qué serviría tanto poder si no para obrar a tu favor? Cuando alguien muere, es triste porque esa persona deja un gran vacío, pero además, es lamentable pensar en las cosas que no logró hacer y los sueños que no hizo realidad, todo lo que anheló pero no se atrevió a obtener. La cananea tuvo pantalones, no sintió pena, no se dejó intimidar. Esa debe ser tu actitud de fe e insistencia. No sientas vergüenza de pedir al Señor con fe, porque lo que debería avergonzarte es pedirle poco cuando Él puede dártelo todo. ¡Rétalo con tu fe! Cambia tus creencias para que tu oración también cambie, lo que provocará un cambio en tus resultados y en tu vida entera.

Dale gracias por Su Palabra, por los desafíos que enfrentas, por la voluntad y carácter que te ha dado. Prométele que de ahora en adelante tendrás el valor para hacer que tu fe crezca y produzca mucho fruto.
 

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