El templo que es revelación de amor

El Señor merece toda la honra y la gloria porque Su amor y misericordia son eternos.

El templo que es revelación de amor

La Biblia habla de Dios y de las personas que se relacionaron con Él. El Evangelio se organiza en libros y cada uno tiene el nombre de una persona que tuvo una estrecha relación con el Señor: Isaías, Ezequiel, Job, Marcos, Mateo. Esto es porque Dios nos revela un rasgo Suyo a través de la vida de alguien. Cada vez que recibimos revelación de Dios, es por medio de la experiencia de alguna persona. Para saber sobre Su misericordia, leemos lo que sucedió con Sansón y David, por ejemplo. Si queremos saber sobre Su fidelidad, vemos la vida de José, quien a pesar de las difíciles experiencias, prosperaba en todo lo que emprendía. Para entender sobre lo mucho que le gustan las expresiones de fe, tenemos a Abraham y su constancia para creerle al Señor. Gracias a que Pedro lo negó, sabemos que nuestro Señor restaura cuando caemos y volvemos a Sus caminos.

Así que para tener revelación del Señor debes buscar la relación íntima con Él. Solamente de esa forma obtendrás esa fe nueva que necesitas para concretar lo que anhelas. Esas relaciones con  los hombres nos revelan que a Dios se le obedece, tal como hizo Moisés al construir el templo según las detalladas instrucciones que recibió, y también descubrimos que Dios se deleita cuando tomamos la iniciativa para agradarlo, como hizo David al inspirar al pueblo para construir el templo que nació de la revelación de amor en su corazón1.

David  fue alguien con mucha iniciativa. De esa forma se enfrentó a Goliat y lo venció. Imagina que hubiera dicho: “Ayunaré durante 40 días para que el Señor me confirme que soy el designado para matar a Goliat”. ¡Claro que no lo hizo! Su relación íntima con Dios le dio la convicción de que debía pelear la batalla y sin pensarlo mucho, con confianza, enfrentó al gigante y lo venció. Muchas veces, nuestro problema es que no asumimos los retos, esperando mil confirmaciones de parte de Dios, y olvidamos que Él ha dicho que debemos ser esforzados y valientes para conquistar, porque Él estará con nosotros y todo lo que hagamos será prosperado.

Debemos tener iniciativa para emprender lo que anhelamos y también para agradar a Dios. Él se ha revelado de muchas formas en tu vida, Su amor te ha alcanzado y lo único que necesitas es decidirte a actuar. No disfraces tu miedo de espiritualidad, deja de esperar confirmaciones y profecías, ¡emprende los planes de bien que tienes en tu corazón porque Él está contigo! Si te equivocas, no te condenes porque no hay peor cosa que no intentar. Recuerda que a Dios le agrada la fe. Podrías perder alguna batalla, pero la victoria está reservada para ti. ¡El milagro está en tus manos, actúa para que se haga realidad!

Con esto no voy contra las confirmaciones de Dios y la Palabra profética. Al ser cristianos nos movemos en una dimensión espiritual donde estas expresiones son válidas, pero no debemos sustituir una cosa por la otra, o tomarlas como excusas para estancarnos. Nuestro emprendimiento y forma de vida debe sustentarse en la decisión, la fe, el esfuerzo y el trabajo arduo. La fe en el Señor y la confianza en las habilidades que te ha dado es la revelación que necesitas para salir adelante.

David no pudo construir el templo porque a pesar de su inmenso amor a Dios, había cometido grandes pecados, entonces, el Señor le dijo que sería su hijo Salomón quien haría realidad esa construcción agradable a Sus ojos. Sin embargo, David siguió adelante, presentó lo mejor de su tesoro, nada más y nada menos que  ¡$58 billones solo en oro! Además, entusiasmó al pueblo con la obra2. La Palabra dice que reunió con sacrificios los materiales porque tenía pensado un palacio digno para ser la morada del Señor. Esta es otra revelación importante ya que aprendemos que a Dios le agradan las obras hechas con excelencia, lo que generalmente implica sacrificio. Haz todo como para Dios, especialmente lo que piensas ofrendarle, porque para Él siempre debemos reservar lo mejor.

Nuestro Señor es omnipresente por lo que nos escucha donde estemos, pero pone especial atención en el templo y en las obras que hemos hecho para Su honra. En ese lugar especial, construido por la revelación del profundo amor y respeto que le debemos, Él ha prometido escucharnos, atendernos y recibir nuestras ofrendas3.

Otra importante revelación que descubrimos en David y la construcción del templo es que debemos dar a quien nos ha dado todo. Una noche el Señor me dijo: “David dio mucho y lo hizo con excelencia, pero ¿sabes porqué dio tanto por amor al Padre?”  Y la respuesta es que David ofrendó de forma tan magnífica porque sabía que el Señor era quien lo había levantado, amado y restaurado siempre. Estaba convencido que Suyo es todo el honor y la gloria y que él debía rendirse ante quien le había dado cuanto tenía. David tenía la revelación del inmenso amor de Dios quien por amor da sin límites y siempre lo mejor, incluso a Su Hijo.

David sabía que era simplemente un pastor de ovejas, sabía que había sido menospreciado mientras que otros tenían un puesto de honor, sabía que en pecado lo había concebido su madre, sabía que solo por Su voluntad había alcanzado el trono. David también sabía que había cometido terribles pecados como el adulterio con Betsabé y el asesinato del esposo de ella para poder hacerla su mujer. Pero también sabía que a pesar de sus defectos, Dios nunca lo había abandonado.

Solo tú sabes de dónde te ha sacado el Señor, qué batallas ha luchado a tu lado, cuántas veces te ha perdonado y de qué forma te ha expresado Su fidelidad. Por toda esa revelación, acércate ante Su presencia y ofréndale con la pasión y agradecimiento que merece. No lo dudes, tu historia será digna de relatarse porque serás otro ejemplo de cómo Dios se relaciona con los justos, para revelar a muchos el poder de Su infinito amor y misericordia.

 

 

 

1 En 1 Reyes 8:17-18 Salomón habla de la relación de su padre David con Dios: Y David mi padre tuvo en su corazón edificar casa al nombre de Jehová Dios de Israel. Pero Jehová dijo a David mi padre: Cuanto a haber tenido en tu corazón edificar casa a mi nombre, bien has hecho en tener tal deseo. 

2 1Crónicas 29:1-9 cuenta sobre la construcción del templo:  Luego, el rey David le dijo a toda la gente que se había reunido: Dios eligió a mi hijo Salomón para que le construya el templo; sin embargo, él todavía está muy joven y no tiene experiencia para hacer un trabajo tan importante. ¡Él construirá el templo para nuestro Dios, y no se trata de la construcción de un palacio ordinario! Con muchos sacrificios he podido juntar los materiales necesarios para construir el templo de mi Dios: oro, plata, bronce, hierro y madera para los muebles y utensilios que deben ser confeccionados. También he reunido muchísimas piedras preciosas de toda clase. Es tan grande mi amor por este templo para mi Dios, que además de todo lo que ya he reunido, voy a entregar de mis propias riquezas lo siguiente: cien mil kilos del oro más fino que existe, y doscientos treinta mil kilos de plata fina, para recubrir las paredes del templo y sus edificios, y para los muebles y utensilios que harán los artesanos. ¿Quién de ustedes quiere demostrar hoy su amor a Dios, dando una ofrenda para la construcción del templo? Entonces todos los jefes de Israel y las altas autoridades del reino dieron de buena voluntad las siguientes ofrendas: Ciento sesenta y cinco mil kilos y diez mil monedas de oro, trescientos treinta mil kilos de plata, cerca de seiscientos mil kilos de bronce, tres millones trescientos mil kilos de hierro. Además, los que tenían piedras preciosas se las entregaron a Jehiel, descendiente de Guersón, que era el encargado de la tesorería del templo. El rey David y todo el pueblo estaban muy contentos porque todos dieron con sinceridad.

3 2 Crónica 7:11-16 relata lo que sucedió cuando el templo estuvo listo: Cuando Salomón terminó exitosamente todo lo que había planeado hacer en el templo de Dios y en su palacio, Dios se le apareció una noche y le dijo: He escuchado tu oración, y he elegido este templo para que en él me ofrezcan sacrificios; siempre viviré en él, y lo cuidaré y amaré. Todo el tiempo estaré atento y escucharé las oraciones que aquí se hagan.

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