Amando a Dios

Respetar Sus mandamientos y cuidar a tu prójimo es la mejor forma de demostrar a Dios que lo amas.

Amando a Dios


¡Hay tantas razones para amar a Dios! Todo lo que somos y logramos es producto de Su amor incondicional y debe ser motivo suficiente para corresponderle de la misma forma.

Jesús explicó que amar a Dios y a nuestros semejantes es un mandato, el más importante1, una clara muestra de fe cristiana. Solo quien ama puede decirse seguidor de Cristo. Todos estamos diseñados para amar, principalmente a Dios, quien merece toda la honra y la gloria. Si le digo a mi esposa y a mis hijos que los amo, pero no los protejo, no los guío y les proveo, realmente no les demuestro mi amor. Ama con tus acciones y con tus palabras, especialmente a tu Padre celestial. ¿Cómo podemos demostrarle nuestro amor?

Amamos a Dios al obedecerle. Nuestro Señor es Dios de orden, por eso, es muy claro en explicarnos qué espera de nosotros y de nuestro amor. Es como un círculo de obediencia: nos dice que amar es un mandamiento, y a la vez, nos explica que respetar y guardar Sus mandamientos es la mejor forma de expresar nuestro amor2.

Así que la máxima expresión de amor es la obediencia. Quienes tenemos hijos lo comprendemos muy bien ya que muchas veces les decimos: “Si me quieres, obedéceme”. De nada sirve que le digamos “Te amo” a Dios, si hacemos exactamente lo contrario a lo que nos pide. Cuando nos sujetamos a las reglas y normas, lo agradamos, y al ver nuestra obediencia, no tendrá problema en bendecirnos. Nuestro Padre se complace con nuestra buena conducta, producto del amor que deseamos expresarle.

Amamos a Dios al honrarle con todo lo que tenemos. Cuando el rey David planeaba la construcción del templo explicó al pueblo lo que ofrendaría para dicho propósito y les preguntó cuál sería su contribución. Si hacemos cálculos de lo que dice la Escritura, David ofrendó en oro el equivalente a ¡5.8 billones de dólares!3 Dios valora mucho nuestras expresiones de amor a través de lo que le ofrecemos. Se puede dar sin amar, pero no se puede amar sin dar. Nuestro Señor lo tiene muy claro y estamos convencidos de Su amor porque nos ha dado todo, incluso lo más valioso que tiene: Su Hijo amado. No lo dudemos, el verbo “amar” está íntimamente ligado al verbo “dar”.

Sabemos que nos aman por lo que nos dan. Esto no es ver el amor con un sentido utilitario porque no se trata solamente de cosas materiales sino de entrega total. Dios espera que le ames con tu vida y con tus recursos. Él aprecia que le des el primer lugar y le ofrezcas lo más valioso que tienes. Dale a tu Padre como se merece, dale todo lo que tienes porque Él te amará de la misma forma.

Amamos a Dios al servirle. Todos recordamos que Pedro era un discípulos impulsivo y negó a Jesús, tal como Él le había dicho que sucedería4. Pero el Señor no lo rechazó por su debilidad, al contrario, más adelante lo confirmó.

Por eso vemos que tiempo después, le preguntó tres veces si lo amaba5 y le pidió que apacentara a Sus ovejas. Jesús nos pregunta los mismo a nosotros, quiere asegurarse de que le expresemos nuestro amor a través del cuidado que tengamos de Su pueblo. Es como si nos dijera: “Si en verdad me amas, si ocupo un lugar especial en tu corazón, si soy importante para ti, si realmente he impactado tu vida, cuida de tus hermanos, ámalos como Yo los amo”. Él desea que Su amor y el nuestro trasciendan más allá de las palabras, desea que nos ocupemos de Sus asuntos, que trabajemos para engrandecer Su reino y llevemos a muchos las buenas noticias de salvación. Cada vez que compartes la Palabra con alguien, le demuestras al Señor cuánto lo amas. Él ha prometido respaldar y no avergonzar a quienes lo amamos.

Dile: “Señor Jesús, este día tomo la decisión de entregarte mi corazón, creo en ti, perdona mis pecados, te confieso como mi Señor y Salvador, te pido que gobiernes mi vida porque te amo”. Dale gracias por Su infinito amor y Sus bendiciones. Asegúrale que estás dispuesto a cumplir Sus mandamientos y a cuidar de Sus hijos, tus hermanos, para que también le conozcan y le amen.

1 En Mateo 22:36-40 leemos sobre el mandamiento del amor: —Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de todos? Jesús le respondió:—El primer mandamiento, y el más importante, es el que dice así: “Ama a tu Dios con todo lo que piensas y con todo lo que eres.” Y el segundo mandamiento en importancia es parecido a ése, y dice así: “Cada uno debe amar a su prójimo como se ama a sí mismo.” Toda la enseñanza de la Biblia se basa en estos dos mandamientos.

2
Juan 14:15 afirma: Si me amáis, guardad mis mandamientos.

3 1 Crónicas 29:1-5 habla sobre lo que David daría para construir el templo: Luego, el rey David le dijo a toda la gente que se había reunido: «Dios eligió a mi hijo Salomón para que le construya el templo; sin embargo, él todavía está muy joven y no tiene experiencia para hacer un trabajo tan importante. ¡Él construirá el templo para nuestro Dios, y no se trata de la construcción de un palacio ordinario! Con muchos sacrificios he podido juntar los materiales necesarios para construir el templo de mi Dios: oro, plata, bronce, hierro y madera para los muebles y utensilios que deben ser confeccionados. También he reunido muchísimas piedras preciosas de toda clase. Es tan grande mi amor por este templo para mi Dios, que además de todo lo que ya he reunido, voy a entregar de mis propias riquezas lo siguiente: cien mil kilos del oro más fino que existe, y doscientos treinta mil kilos de plata fina, para recubrir las paredes del templo y sus edificios, y para los muebles y utensilios que harán los artesanos. ¿Quién de ustedes quiere demostrar hoy su amor a Dios, dando una ofrenda para la construcción del templo?»

4 Lucas 22: 31-32 narra: Después, Jesús le dijo a Pedro:

 —Pedro, escucha bien. Satanás ha pedido permiso a Dios para ponerles pruebas difíciles a todos ustedes, y Dios se lo ha dado. Pero yo he pedido a Dios que te ayude, para que te mantengas firme. Por un tiempo vas a dejarme solo, pero después cambiarás. Cuando eso pase, ayudarás a tus compañeros para que siempre se mantengan fieles a mí.

5 Juan 21:15-17 relata la conversación de Jesús y Pedro: Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Pedro:

   —Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le respondió: —Sí, Señor. Tú sabes que te quiero.  Jesús le dijo: —Entonces cuida de mis seguidores, pues son como corderos.  Jesús volvió a preguntarle: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas?  Pedro le contestó: —Sí, Señor. Tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Entonces cuida de mis seguidores, pues son como ovejas.  Por tercera vez le dijo: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?  Pedro se puso muy triste de que tres veces le había preguntado si lo quería. Entonces le contestó:—Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.  Jesús le dijo: —Cuida de mis ovejas.

 

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