La definición te da fuerzas

La certeza de ser hijo de Dios te fortalece para testificar sobre Él y salir victorioso de la prueba.

La definición te da fuerzas

Ser cristianos definidos nos da fuerzas porque la constancia en el servicio al Señor  provoca que nuestra situación cambie para bien. Sadrac, Mesac y Adeb-nego fuero jóvenes definidos que nos enseñan la actitud correcta ante las amenazas del mundo. Ellos se negaron a adorar a la estatua del rey Nabucodonosor, a pesar de que sus vidas corrían peligro. ¡La amenaza por no obedecer al rey era morir quemado en un horno de fuego! Aun así, se negaron a postrarse ante una estatua y esa actitud tuvo consecuencias. Los cristianos de esta época no enfrentamos algo semejante, aunque sí debemos ser fuertes ante las críticas de quienes no comprenden nuestra fe.

El Señor respaldó a estos tres jóvenes porque dijeron con toda seguridad y compromiso: “Nuestro Dios, a quien servimos puede librarnos”, pero no hubiera sido igual si hubieran dicho: “Nuestro Dios, a quien a veces servimos”. Igual debe pasarnos, ya que en medio de la tribulación, hay que afirmar con decisión: “El Señor me levantará porque mi familia y yo lo amamos y lo servimos siempre”. Cuando te pregunten si eres cristiano, debes responder: “Sí, yo sirvo al Señor y a nadie más”.  Al actuar con definición, no dudes que Dios te respaldará, porque Él no abandona a quienes le aman.

La Palabra nos cuenta que los jóvenes fueron lanzados al horno y que allí dentro, se paseaban confiados. Y lo más sorprendente es que el rey no veía a tres sino a cuatro hombres, y uno de ellos tenía un aspecto especial porque ¡era el Hijo de Dios! No temas, el Señor está contigo, te libera de las ataduras y te protege, tal como hizo con ellos. Luego de ver el poder del Señor, el temible rey de Babilonia confesó al Dios Altísimo. Un momento antes había blasfemado, pero después lo adoró. Incluso predicó y todos se vieron obligados a reconocer a Dios, ya que amenazó de muerte a quien no lo hiciera. Los papeles se invirtieron y quienes habían sido humillados fueron enaltecidos2.

La definición de Sadrac, Mesac y Abed-nego tuvo cinco consecuencias. La primera fue el enojo del rey, tal como sucede ahora cuando tu fe molesta a algunos que incluso se alejan de ti, pero ¡no te imaginas cuánta bendición hay para tu vida si te defines por Él! La segunda consecuencia de la definición es experimentar la presencia de Jesús, el Hijo de Dios quien nunca te abandona. La tercera consecuencia es el reconocimiento, como les sucedió a los tres jóvenes a quienes sacaron del horno. La cuarta consecuencia es un decreto a favor de Dios y la quinta consecuencia es el engrandecimiento de quienes fueron definidos. Dios está a punto de engrandecerte porque estás definido, lo amas y lo sirves.  

Es importante notar que los tres jóvenes respondieron con  seguridad, pero también con amabilidad. No fueron arrogantes o abusivos ya que ser definidos también implica ser educados y no buscar contienda, porque la sabiduría del Señor es pura amable y pacífica3. No importa cuánto te ataquen o pongan a prueba, tu respuesta siempre debe ser amable y misericordiosa. Ama a tus enemigos, bendícelos para cosechar frutos de justicia. Recuerda que son bienaventurados los pacificadores porque serán llamados hijos del Padre. Parte de nuestra definición como cristianos, servidores de Dios es amar a todos, como Él nos amó.

La clave de estos tres jóvenes fue que ninguna amenaza combatió el fuego que tenían dentro y nada logró que perdieran su avivamiento. Justamente de esto es de lo que habla Pablo cuando le escribe a Timoteo animándolo a que avive el fuego del Señor.  Además, le recuerda que Dios le ha dado espíritu de poder, amor y dominio propio, no de cobardía, por lo que debe continuar dando buen testimonio, a pesar de la persecución4. Aviva tu pasión por el Evangelio, Dios te ha dado espíritu de poder, amor y dominio propio, tal como a Timoteo, Pablo, Sadrac, Mesac, Abed-nego y todos los cristianos que sirven al Señor. Tu definición y convicción en Él te dará fuerzas y valor para continuar en el camino correcto. No te avergüences, aviva el fuego que sientes por amarle y servirle.  Llegará el día de la prueba y cuando eso suceda tu arma debe ser la seguridad de decir: “El Dios a quien sirvo me librará”. Entonces, aquellos que deseaban aniquilarte te engrandecerán y darán honra al Señor, ya que Él demostrará con poder que está de tu lado. Agradece a Dios por darte fuerzas al definir tu identidad como Su hijo y coheredero de Su Reino. ¡Hoy es día de victoria para ti!

 

1 Daniel 3:15-25 cuenta: Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses.

2 Daniel 3: 26-30 continúa el relato: Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían. Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.

3 Santiago 3:17-18 explica: Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz.

4 Pablo dice 2 Timoteo 1: 3-8: Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios.

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