Definición para recibir bendición

Tu identidad como hijo de Dios te hace vencer las tentaciones y recibir galardones.

Definición para recibir bendición

Mateo 4:1 dice: Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.

A nadie le gusta ser conducido al desierto, mucho menos enfrentar la tentación, pero si queremos gozar de Su poder debemos obedecer Su dirección. Esta Palabra sobre las tentaciones que Jesús enfrentó y superó en el desierto nos enseña cómo lograrlo. Siendo cristianos, oramos y ayunamos buscando que nuestra fe aumente. Ese es el verdadero objetivo, ya que el ayuno y la oración no obran por sí mismos, sino solamente para provocar que nuestra fe en Jesús se fortalezca y Él haga la obra. Por eso fue que una vez, Jesús le dijo a Sus discípulos que eran una generación de incrédulos y que este género de incredulidad se superaba con oración y ayuno. Una persona recibe milagro de sanidad por su fe en el nombre de Jesucristo, el ayuno y oración son instrumentos para que dicha fe crezca frente al pecado y cualquier situación. Jesús le dijo a Pedro que el diablo lo tentaría, pero que Él oraba para que su fe no faltara y para que volviera a confirmar a sus hermanos. Él no le dijo: “No te preocupes, Yo venceré al diablo”. Que tu fe no falte.

Una de las veces cuando ayuné para que el mensaje cambiara la vida de las personas, entré a un banco y escuché a unos jóvenes hablar muy mal y decir vulgaridades de unas amigas suyas. El Espíritu Santo me decía: “Háblales” y yo me negaba porque no quería provocar conflicto en el banco. Pero el Espíritu me insistía diciendo: “Ayunas para que Mi Palabra toque a las personas y no quieres hablarles”. Entonces les hablé a los jóvenes con amor y firmeza, y ellos terminaron llorando. Mi sueño es que Él se manifieste en todo lugar, por eso ayuno y oro, para que mi fe crezca y ese sueño se cumpla.

De la prueba a la tentación
Cuando ayunas esperas que algo bueno suceda y las cosas se arreglen, pero Jesús tuvo que enfrentar la tentación después de ayunar. Si ayunas y oras por tu matrimonio, lo último que esperas es que alguien se acerque a tentarte, invitándote a un café o haciéndote una propuesta indecente. Sin embargo, vemos que el encuentro con el enemigo es importante para salir edificado. En el caso de Jesús, recibió el poder para hacer proezas. Las tentaciones sirven para fortalecer el carácter necesario para superar las pruebas. Recuerda que hay diferencia entre una prueba y una tentación. Una prueba sirve para hacerte creer, mientras que la tentación sirve para fortalecerte y que no caigas en pecado. Evita pasar de la prueba a la tentación. Por ejemplo, si estás enfrentando una dificultad económica y te llama ese antiguo amigo del barrio para proponerte un negocio dudoso, debes ser fuerte y continuar por el camino correcto, para que la prueba y la tentación no se conviertan en pecado. Cuando superas la tentación, Dios te da carácter para afrontar y superar la prueba.

Identidad
Mateo 4: 3-7 continúa explicando sobre las tentaciones: Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan. El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está: A sus ángeles mandará acerca de ti, y, en sus manos te sostendrán, ?para que no tropieces con tu pie en piedra. Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
Jesús podía convertir al diablo en un buen pollo rostizado con gaseosa de dieta y tragárselo entero, pero ese no era el objetivo. Nota que incluso el diablo tiene revelación porque sabía que un hijo de Dios es capaz de provocar que las cosas sucedan simplemente con decirlas, por eso lo retó a que convirtiera las piedras en pan. Además, si leemos detenidamente, sus palabras fueron “Si eres Hijo de Dios”, no dijo: “Si eres el Hijo de Dios”. Es decir que sabe que ese poder lo tenemos todos los hijos de Dios. Esta es una gran revelación que debe afirmar nuestra identidad como hijos del Padre que desea darnos poder para hacer Su obra.

La base fundamental de la tentación es la falta de identidad en Cristo Jesús, pero cuando sabemos con certeza que somos Sus hijos, podemos imitar a Jesús y decirle al diablo que no tenemos porqué demostrarle nada. No debemos dejarnos manipular por la tentación del novio que pide la prueba de amor o por cualquiera que nos pide hacer algo incorrecto. Cuando sabemos quiénes somos y cuál es nuestra identidad como hijos del Padre, nadie debe obligarnos, ya que nuestra prioridad debe ser complacerlo a Él con nuestra conducta. Cuando se tiene identidad se sabe decir no.

Cierta vez le di “jalón” a un joven y cuando se subió a mi carro me dijo que era viernes y que fuéramos a tomar una cerveza. Yo le agradecí y le expliqué que no bebía. Entonces me ofreció un cigarro y también lo rechacé, pidiéndole además que no fumara en mi auto. Cuando me preguntó porqué no bebía ni fumaba, le dije que a mi papá no le gustaba. De esa forma contundente terminé la conversación sin entrar en detalles sobre religión porque realmente esa es la razón guardarnos y ser constantes con nuestra buena conducta. Si evitas caer en tentación porque eres cristiano, evangélico o católico, significa que no has comprendido la paternidad de Dios. Portarnos bien es una cuestión entre padres e hijos, no es cuestión de doctrina o religión. El apóstol se dirigía a la congregación llamándolos “amados míos”, deseándoles que prosperaran en todo, que tuvieran salud y también prosperidad en su alma. Ese es el deseo de bienestar integral de un padre hacia un hijo.
 
Si tienes duda sobre algo que podría ser pecado, intenta orar por eso y el Señor te ayudará a descubrir si te encuentras ante una tentación. Un amigo que recién le había entregado su vida a Jesús me dijo que no veía nada de malo con tomarse un par de cervezas cuando se comía un ceviche. Le respondí que antes de tomarse los tragos, orara por lo que se tomaría; días después, regresó contándome que le fue imposible decir: “Señor, te entrego este licor, bendícelo para que no me haga daño”. ¡Claro que no se puede orar por el licor, así como no puedes orar pidiendo que tu amante no quede embarazada o porque te vaya bien en ese negocio ilícito que quieres hacer! Si tienes clara tu identidad como hijo de Dios, sabrás que Él no responderá a esas oraciones por el pecado y te alejarás de la tentación.

Sólo a tu Dios adorarás
Mateo 4:8-10 habla sobre lo que sucedió después: Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
La siguiente tentación que enfrentó Jesús fue que el diablo pretendía ofrecerle lo que ya le pertenecía siendo Dios. Piensa que eres heredero del Señor quien desea darte todo, pero cuando dudas de tu identidad, puedes caer en la tentación del diablo quien también te ofrece posesiones. Así que debes decidir si recibes de Dios o del diablo. Jesús muy bien pudo terminar con el tentador desde el inicio, pero tenía un valioso ejemplo que darnos. Lo importante es que recuerdes que con el diablo no se conversa, simplemente se le echa fuera de inmediato.

Finalmente lo que hizo que dejara a Jesús fue escuchar que le dijo: “Solo a tu Dios adorarás”. El argumento que logrará que el tentador se aleje de tu familia y de tu hogar es que le digas con toda seguridad que eres hijo de Dios, que solo a Él servirás y adorarás. Jesús se identificaba como Hijo de Dios y se proclamaba como un Hijo comprometido que adoraba y servía a Su Padre. Esa es la Palabra que nos libra de toda tentación, es la Escritura de la definición, de la identidad. El diablo huye de los cristianos definidos en Cristo Jesús que sirven y adoran a Dios. Esta es la época de la definición y compromiso con el Señor. Es el momento para entregarnos totalmente a Él en cuerpo, alma y espíritu.

Lo que sucede cuando te defines
Mateo 4:11 concluye: El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.
Cuando te defines y te entregas a Él, vienen las respuestas que esperamos con el ayuno y oración de fe. Primero, el mal se va; segundo, viene el bien, tal como vemos que sucedió con Jesús a quien los ángeles le asistieron, y lo tercero que sucede cuando te defines como hijo de Dios es que Su poder te acompaña. ¡Qué gran promesa! Nuestro Señor dice que quien tenga clara su posición en Cristo será visitado por ángeles que le servirán y le ministrarán, tal como sucedió con Jesús.

Cuando encarcelaron a Pedro, él adoró al Señor y un ángel le abrió la puerta de la cárcel. Cuando Jesús fue apresado, le pidió a Pedro que guardara su espada porque podría tener a una legión de ángeles que lo defendieran, pero era necesario que pasara por todo eso, ya que esa era la voluntad del Padre.

Sadrac, Mesac y Abednego fueron tres jóvenes valientes que se negaron a adorar a la estatua que hizo el rey Nabucodonosor y por eso, fuero lanzados al horno de fuego. Entonces, el rey se maravilló porque dentro del horno se veían cuatro personas. Así que a esos tres jóvenes, Dios no les envió ángeles sino el mismo Jesús estaba con ellos y los libró de morir. Seguramente les dijo: “Bien hecho, me gustan los definidos”.

Entrégale tu vida al Señor y pídele que te ayude a afirmar tu identidad como Su hijo para que te fortalezcas y ya no caigas en tentación por quedar bien con alguien. Defínete, sé fuerte y compromete tu vida a la adoración y servicio de tu Padre Celestial. Ese es el fundamento de la santidad que te llevará a agradarlo y hacerte digno de Su unción y bendición. Conságrate al Señor, obedécele para que incluso tus hijos te obedezcan. Si siembras agrado, eso mismo cosecharás. Declara que eres Su hijo comprometido y que te defines como heredero de Su reino y coheredero con Cristo Jesús quien te ayudará a vencer la tentación.

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