Justos para con Dios

El Señor nos enseña a dar para recibir y trabajar para obtener fruto, así que busca ser justo compartiendo lo que recibe

Justos para con Dios

La justicia es un valioso principio del Reino de Dios. Jesús fue hecho pecado al cargar con los nuestros para hacernos justicia y darnos la vida eterna (2 Corintios 5:21). Entonces,  muchas veces somos injustos con Dios y debemos corregir ese error.  

El Señor no nos salvó por misericordia, sino que pagó el precio, es decir, fue un acto de justicia. Nos rescató de las manos del maligno y dio a Su hijo en pago, no robó o arrebató. Con el sacrifico de la salvación, Dios nos enseña a ser justos porque dice la Palabra que “El labrador debe trabajar para ver el fruto”. Eso es justicia, pagar para obtener algo valioso, trabajar para obtener resultados.

Pablo nos enseña a utilizar la justicia como arma a nuestro favor, en pureza, sin tropiezo, a la luz del Espíritu Santo que nos ha socorrido en todo tiempo (2 Corintios 6: 1-7). Tomemos esta arma y seamos justos en nuestra acciones delante de Dios y de nuestros hermanos. Jesús dijo que buscáramos primeramente el Reino de Dios y Su justicia porque todo lo demás sería añadido.  Ser trabajadores en Su Reino, no es un acto de misericordia sino de justicia para quien ha sido justo con nosotros y pagó con Su sangre por nuestra salvación.

Si eres justo nada te hará falta porque todo lo demás vendrá por añadidura. Prosperar, tener una vida de bienestar no se trata de apelar a la misericordia de Dios, se trata de ser justos con Él, así como lo fue con nosotros, trabajar en Su obra y dar frutos de bien

Ser justo significa demostrar rectitud y corrección en el pensar y actuar porque respondemos de acuerdo a lo que hemos recibido.  El Salmo 37: 25 claramente dice que los justos no serán desamparados, no se refiere a los  líderes de grupo, pastores o personas que cantan coros en la iglesia. Son los justos quienes siempre recibirán provisión.  La Palabra hace justicia.

Vale la pena ser justo porque  Dios anhela bendecir a quienes le imitan, ¡incluso habla de la herencia de nuestros nietos y de la riqueza que recibiremos de manos del pecador! (Proverbios 13:22-23) Si eres justo con Él y con tus hermanos, no desesperes porque la bendición está por venir.¡Créelo, Él no miente y es justo!

Producir es un acto de justicia. Recordemos que la parábola de los talentos (Mateo 25: 14-30) cuenta que un señor le dio cinco talentos a un hombre, dos a otro y uno al tercero.  Los que recibieron más, produjeron el doble y se quedaron con el fruto de su esfuerzo. Pero el que recibió solamente uno,  actuó injustamente ya que no produjo, además de ser rebelde. Incluso ¡se atrevió a decirle a su señor que era injusto porque segaba donde no había sembrado, cuando fue él quien le dio el talento! Esa actitud es injusta y arrogante. Todo lo hemos recibido del Señor que merece abundante fruto de lo que nos ha dado.

Aprovecha la vida, salud y trabajo que te Dios te ha dado, produce, prospera y comparte lo que obtengas.  Debemos devolver más de lo que recibimos del Señor porque la falta de productividad es condenada con tinieblas, por el contrario, el que produce y devuelve, siempre ve la luz. Mientras más obras de justicia hagamos, más responsabilidad tendremos y más recibiremos.  La justicia se refleja en recibir, dar, producir y compartir.

El justo tiene abiertas las puertas de los cielos ya que  el privilegio de ser escuchado por el Señor también es fruto de la justicia (Santiago 5:16) que implica dar y recibir. La vida cristiana se trata de sembrar y cosechar para activar la justicia del Señor. Dios no es injusto y no se olvida de lo que damos. Deja de clamar misericordia y empieza a caminar en justicia. Si sabes que has dado, tendrás la certeza de que recibirás con justicia (2 Corintios 9:6-7) porque la prosperidad económica es consecuencia de ser justo, no de la misericordia divina.  

El Señor es dador alegre, por eso ama a quienes le imitan. Él no dio a Su Hijo a regañadientes, sembró la vida del Cordero y nos recibió como cosecha.  Así que es justo que respondamos con la misma generosidad y entrega. Actúa justamente donde estés, a otros dales tu misericordia, pero a Dios dale justamente.  Entrégale tu corazón para que Su justicia se vea reflejada en tu vida y la compartas con quienes te rodean.

Participa: