Sólo es el camino, no es tu destino

Pon tu mirada en la meta, no en el camino que puede estar lleno de dificultades.

Sólo es el camino, no es tu destino

Todos vamos en camino hacia nuestro destino. Hay cosas en la vida que parecen el destino pero solamente son etapas. Me cuesta comprender a los empresarios porque al perder dinero en algún negocio creen que ya se perdió todo pero se olvidan que es necesario sumar y restar para ver el balance y sacar conclusiones. El hecho de perder en algo no nos hace perdedores. Hay que diferenciar entre un evento y una actitud de vida.  Veamos a Dios, aunque nos cueste creerlo, debo decir que Él también ha perdido en algún momento. Perdió a Adán y a Eva por el pecado que cometieron; Caín también se perdió porque mató a su hermano, así que en cierto momento Dios se arrepintió de haber hecho al hombre porque le dolió lo que estaban haciendo.  La generación que sacó de Egipto también se perdió. Muchos murieron en el desierto por el pecado y fue la siguiente generación la que logró entrar en la Tierra Prometida. El hijo pródigo también se le perdió al Padre Eterno. Entonces, debemos notar que no todas las etapas son para ganar.

Al final del los días, cuando vayamos ante Su presencia, es un buen momento para hacer cálculos y saber si realmente perdimos o ganamos.

Como decía un famoso narrador deportivo guatemalteco: “hasta el último out se habla” y no debemos anticiparnos a la derrota porque estamos hechos para ganar. Una pelea consiste en más de un round.  Cuando somos jóvenes pensamos que la vida siempre es sumar pero poco a poco descubrimos que mucho consiste en restar. El cabello es un ejemplo.  Antes teníamos muchísimo, ahora ya no tanto. Yo recuerdo cuando me rasuré por primera vez, tenía solamente una pelusa como de durazno  pero veía un gran bigote que luego realmente era bastante aunque ahora ya es escaso. Tanto sumar como restar son parte de la vida.

No estamos solos en la aflicción

En Juan 16:32-33 Jesús dice: He aquí la hora viene, y ha venido ya, en que seréis esparcidos cada uno por su lado, y me dejaréis solo; mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Jesús estaba consciente que en algún momento de su vida se quedaría sin la compañía de los discípulos y otras personas, pero realmente no estaría solo porque el Padre siempre lo acompañaría.  A veces sentimos que estamos sin compañía, nuestros padres, hijos y amigos nos abandonan o simplemente no sentimos su presencia pero no estamos realmente solos porque el Padre está con nosotros.  No debes ver lo que pierdes sino lo que sigues teniendo.  Si te lamentas y dices: “ni el Chapulín Colorado puede defenderme”, significa que no te has dado cuenta que tienes el consuelo de tu Padre que nunca te abandona. Jesús nos hace ver esto para que tengamos paz.

Imitemos la actitud del Señor y no veamos la aflicción sino el triunfo que podemos lograr en Cristo Jesús. En la vida tendremos aflicciones por hacer lo malo y por hacer lo bueno. Eso es inevitable. La vida en Cristo es difícil pero sin Él es imposible. Podremos tener aflicción por fumar y también por dejar de hacerlo, por hacer negocios lícitos o por hacer trampas, por decir la verdad o seguir mintiendo, por dejar a la amante o tener una doble vida. La aflicción es segura, la cuestión es elegir tenerla por la razón correcta. Los inteligentes hemos escogido tener aflicciones por hacer lo bueno porque lo malo, además de afligirnos nos lleva al infierno.

El apóstol Pablo nos recuerda en Romanos 8:16-18: El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Esta Palabra nos alienta al recordar que no todo es padecimiento porque también seremos glorificados. ¿Lo ves? En la vida hay que sumar y restar ya que la ganancia es la diferencia entre lo malo y lo bueno. Si no hubiera algo malo, no podríamos ver lo bueno. Pablo habla como Jesús porque piensa en lo negativo pero al final prevalece lo positivo, la compañía del Padre, la gloria venidera. Pon tus ojos en la promesa del futuro que viene porque hay una gloria que se manifestará en nosotros. Tú decides lo que ves en la vida y debes descubrir que jamás serás fortalecido si pones atención a  la debilidad y no te enfocas en la promesa. Cuando estás pasando una dificultad no preguntes por qué te pasa sino por qué no habría de sucederte. No blasfemes preguntando la razón por la que afrontas problemas ya que el mismo Hijo de Dios tuvo que enfrentarlos. Si cuestionas lo malo, también deberías cuestionar cuando te sucede algo bueno, pero no lo haces. Si algo positivo viene, no preguntas, simplemente lo tomas. Esa también debe ser la actitud frente a lo negativo, tomarlo y procurar salir fortalecido de la prueba.

Recuerda que todo es un balance. Para ver el día debemos pasar por la noche, para disfrutar del verano hay que sobrevivir el invierno, para cosechar primero debemos sembrar. No te quejes cuando pases una época difícil. Pon tu esperanza en el Señor que nunca te abandona.

Tu destino no es el pesebre

Lucas 2:7 relata: Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Al leer esta Escritura, mucha gente cree que Jesús nació en un pesebre porque era humilde pero no fue así. Lo bueno y agradable no te quita humildad. Él fue humilde pero no por eso nació en un lugar pobre. La razón es más sencilla, nació en un pesebre simplemente porque no había lugar en el mesón. Seguramente cuando José le dijo a María que no había encontrado alojamiento, ella le dijo: “El niño está por nacer, no hay tiempo”.  Imagino que fue como la situación que vivimos mi esposa y yo durante el nacimiento de nuestra hija.  El médico nos dijo que traía el cordón umbilical enrollado en el cuello y había que hacerle cesárea a mi esposa. Yo quise orar por ella pero Sonia quitó la mano de su frente y me dijo: “No es momento de orar, quiero que me operen rápido, quiero a mi hija”.  Lo mismo sucedió con María, la madre de Jesús.

Fue una emergencia, una situación fuera de lo previsto. Ella no dijo: “Nacerá en un pesebre para que aprenda a ser humilde”. El destino de Jesús no era un pesebre sino el trono a la derecha del Padre.  

Hay épocas de “pesebre” en nuestra vida pero eso no quiere decir que ese sea nuestro destino.  Muchas veces quisiéramos que nuestros hijos nazcan en un mejor hospital o que estudien en un mejor colegio pero como decimos en Guatemala: “No hay de otra”, así que mientras luchamos porque la situación mejore, los tenemos en el lugar que podemos pagar. María sabía que Jesús era el Rey de reyes, el Hijo de Dios. ¡Ella no era una mala madre que deseaba darle una lección a su recién nacido!  Este pasaje no necesita revelación sino una lectura razonable porque luego, esa mala forma de interpretar nos lleva al conformismo y decimos: “Como nací para maceta, pónganme en cualquier corredor”. Ten cuidado con esas malas interpretaciones porque pueden dañarte y  tu nación no crecerá si no crees que hay una mejor voluntad para todos.

Durante la última campaña electoral de Guatemala tuve el privilegio de hablar en el cierre de un foro apostólico al que asistieron los candidatos a la presidencia. En esa oportunidad dije: “Ustedes no tienen la culpa de la situación del país. También los ciudadanos somos culpables porque debemos cambiar nuestra actitud y pensamiento.  No podemos seguir creyendo que ser pobres es bueno. De ser así, ¿qué sentido tendría trabajar y superarse? Sólo una nación que desea lo bueno podrá crecer”.  Muchos piensan que ser pobre es sinónimo de humildad y no cierto. La humildad se lleva en el corazón, no en la billetera. Conozco personas con dinero que son humildes y también he visto a personas pobres que son orgullosas y arrogantes.  Jesús, siendo el dueño de todo, era  el más humilde y lo demostró con su obediencia al Padre, no al nacer en un pesebre.  Algunos dicen que fue pobre porque no tuvo propiedades pero decimos que es el dueño de todo cuanto existe, del oro y la plata, así que siendo el dueño de todo, ¡tuvo todo! Y caminó con tanta seguridad por el mundo porque sabía quién era, qué tenía y quién lo acompañaba. Lo mismo debes hacer tú.

Tu destino es estar sentado junto al Padre, esa es Su voluntad. Somos vencedores y cualquier circunstancia adversa debemos verla como una etapa que es necesario superar. Los recién casados y recién graduados no deben ver esa etapa como su destino, sino el futuro de éxito y prosperidad que construirán y que inicia en ese momento. Jesús nació en un pesebre pero no se quedó allí.

Crecer en sabiduría

Lucas 2:40 nos cuenta: Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.

Tenemos el deber de crecer y llenarnos de sabiduría. Cada etapa debe alimentar nuestra experiencia y superarla si fue buena o mala.  Hay que aprender de lo que nos sucede. No podemos quedarnos igual después de lo que vivamos.  Es necesario olvidar lo negativo para que no se repita y mejorar lo bueno para que lo venidero sea aún mejor. Al final el peor pecado es peinar canas y no ser sabio.  No pases la vida simplemente esperando la muerte. Aprende de tus éxitos y fracasos, anota tus aciertos y errores porque la sabiduría es recompensa y la necedad es castigo.  

1 Timoteo 4: 12 nos advierte: Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

Cuando estuve a cargo de los jóvenes de la iglesia, alguien me dijo que tenía el área más difícil, pero estaba equivocado porque es la mejor.

No hay nada más reconfortante que tomar alguien sin experiencia y prejuicios para sembrar Palabra y motivación, enseñarle a confiar en Dios y hacer de su fe el recurso más valioso. La Biblia dice que los jóvenes son ejemplo de la iglesia. Si ellos están listos para las tinieblas, también lo están para la luz. Si están listos para seguir a Satanás también lo están para Jesús. Si ya pueden tatuarse, también pueden dejarse marcar por el sello Espíritu Santo, si están listos para el pecado también lo están para la santidad.

Algunos les llaman “adolescentes” pero realmente todos adolecemos cuando tenemos actitudes inmaduras. Es realmente penoso ver a un hombre adulto de más de cuarenta años caprichoso, haciendo berrinche y peleando con la mujer que lo ha acompañado toda la vida. Él es realmente el adolescente. ¡yujuu! Jamás he llamado “adolescentes” a un grupo de jóvenes, yo los llamo “virtuosos con talento”, personas a quienes hay que motivar para que sean adultos exitosos.

La palabra “juventud” en el original significa “principio, primeros tiempos”, es decir que no solamente se refiere a una edad sino a los comienzos en cualquier momento de la vida. Es el momento cuando inicias una carrera o un matrimonio, sin importar la edad que tengas.

Nadie debe tener en poco tus primeros pasos en la vida con el Señor aunque lo hayas recibido a los cuarenta y cinco años. El mensaje es que debes ser ejemplo desde el inicio, demostrando que tienes la actitud correcta.

Consejos para llegar a tu destino

1 Timoteo 13-16 aconseja: Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.

Ocúpate, busca ser productivo. Lleva una agenda, deja por escrito tus planes y proyectos para organizar tu tiempo y tener certeza de la meta que deseas alcanzar. El mismo Jesús decía: “Escrito está”, así que tú debes hacer lo mismo, planificar, ocuparte de lo correcto para beneficiarte y beneficiar a otros. Porque una vida sin propósito para bien de otros no tiene sentido. Jesús sabía que en algún momento se quedaría sin compañía pero mientras estuvo rodeado de gente, buscó ser de bien para ellos, permitiendo que otros sacaran provecho de Él.  Yo le digo a mi esposa que debemos agradecer al Señor la oportunidad que nos da de bendecir a tantas personas a través de nuestro ministerio porque le predico a la iglesia del Señor, no solamente a Casa de Dios.

Ocúpate en las cosas del Señor, no descuides el don y talento que te dio. Cuídate y aprende para ser de beneficio a otros. Agradece que la gente se aproveche de ti porque eso significa que tienes algo que ofrecer, algo valioso que otros necesitan y encuentran en ti.  Ser utilizado es una bendición, dale gracias Dios por ello.

Hebreos 12: 1-2 nos aclara: Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Jesús no se quedó en el pesebre sino que luego de obedecer y cumplir Su misión, ocupó el lugar de más alto honor a la derecha del  Padre. Aprende de Su ejemplo, valora las cosas en su justa medida para verlas como son. La aflicción es momentánea y no se compara con la gloria venidera. Por tu mirada en la meta, no te des por vencido porque Dios tiene un buen futuro para ti y para quienes te rodean.

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