Nuestra fortaleza es la fe

El Reino se manifestará en tu vida y en la de quienes te rodean cuando demuestres tu fe en el Señor y le obedezcas.

Nuestra fortaleza es la fe

Lucas 9:10-11 relata: Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida. Y cuando la gente lo supo, le siguió; y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba a los que necesitaban ser curados.

Los apóstoles regresaban de cumplir con el mandato de Jesús de proclamar las buenas nuevas sin llevar nada consigo, más que su fe.  Iban por todas las aldeas predicando y sanando, confiados en que siempre tendrían sustento.  Imagina que hoy recibiéramos esa orden, que nos enviara a predicar si preparar nada, simplemente confiando en Su provisión. Esto golpearía nuestra lógica y razonamiento porque la obediencia es Su primera demanda.

Ser espiritual es aprender a separar la razón de la fe. Un creyente no se enfoca en su razonamiento, cuando enfrenta un momento difícil,  separa la razón de la fe para que no sea un impedimento. El pensamiento estructurado es bueno, ya sabemos  que 1 más 1 es igual a 2, pero nuestro razonamiento tiene un límite, cuando ya no hay más que hacer y activar la fe es lo único que queda. Hay momentos para razonar y otros para creer.  Si eres vendedor y ya hiciste lo humanamente posible, sólo te queda la fe para lograr tus objetivos. 

Obedecer es la primera clave

Los apóstoles obedecieron, no entendían pero lo hicieron. Es difícil educar a nuestros hijos en la obediencia pero es necesario hacerlo. Mi hijo pequeño es más voluntarioso que mi hija mayor, conforme se madura las cosas mejoran pero cuando son pequeños te retan. Cierta vez, estacionamos nuestro carro en un parqueo que tenía piedrín. Mi hijo tomaba las piedras y las tiraba sobre una lámina a pesar que le insistía para que no lo hiciera. Al final, lo amenacé con castigarlo y me respondió: “Machito pues, machito”.  No olvides que obedecer es la clave para activar la fe.

En el pasaje, nota que Jesús hablaba del Reino a las personas que lo siguieron y además sanaba a los enfermos, es decir que enseñaba sobre la misericordia de Dios y también la demostraba.  Somos parte de ese Reino del que nos habla y debemos conocer las reglas y principios que lo hacen funcionar a nuestro favor.  Es como migrar a otro país donde debemos aprender  las leyes, de lo contrario nos irá mal porque cada lugar funciona diferente.  Si no conoces las leyes del Reino, no podrás disfrutarlo.

Las personas que se acercaron deseaban saber sobre el Reino, tal como dice la Palabra “buscad primeramente el Reino de Dios” porque “Todas las cosas obran para bien a los que aman al Señor”.  El Reino está dispuesto a funcionar para todos pero debes tener tus prioridades muy claras y buscar al que puede enseñarte.   Cuando  conectas tu fe a la promesa  de que por Su llaga fuimos sanados,  haces que  se active la ley  de sanidad para quienes pertenecen al Reino.  Todo funcionará cuando actives tu fe con obediencia. Deja esa pasividad espiritual.

Haz algo, demuéstrale tu fe


Lucas 9:12 continúa: Pero el día comenzaba a declinar; y acercándose los doce, le dijeron: Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y campos de alrededor, y se alojen y encuentren alimentos; porque aquí estamos en lugar desierto.

El pasaje continúa narrando la iniciativa que tuvieron los discípulos.  Tener iniciativa es bueno, así como razonar, pero todo en su momento.  La lógica les decía que lo mejor era despedir a la gente porque aunque quisieran, no podían darles de comer, pero el momento demandaba otra actitud. Ellos eran testigos del poder del Señor, incluso regresaban de experimentar la provisión divina y la fe debió motivarlos a decirle: “ahora que les hablaste del Reino y les demostraste cómo funciona, continúa con los prodigios y démosle de comer a todos, ¿qué quieres que hagamos?”  ¡Esa era la actitud correcta!  Para Jesús era importante que la gente se quedara y comieran porque deseaba demostrarles la añadidura que viene de buscar primeramente el Reino de Dios y Su justicia.  Lo mismo sucedió con el pueblo de Israel cuando cruzaron el desierto y fueron testigos del pan que cayó del cielo.  Yo ministro gente desesperada por encontrar trabajo que ya ha dejado su currículum en todas partes, han dado recomendaciones y  nada sucede. La razón dice que todo está hecho, pero aún falta activar la fe, enlazarla con la Promesa  y lo que esperas que suceda.  

Lucas 9:13 cuenta la respuesta de Jesús: Él les dijo: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, a no ser que vayamos nosotros a comprar alimentos para toda esta multitud.

Jesús ordenó a los discípulos que actuaran porque sabía que esto les activaría la fe.  Lo mismo sucedió en la barca cuando les dijo: “hombres de poca fe” porque esperaba que ellos sometieran la tormenta. Lo mismo sucede hoy, Él espera que le demuestres tu fe y actúes por la necesidad de alguien más porque eres capaz de provocar la bendición de otros. Tu familia, por ejemplo, depende totalmente de tu fe.   Cuando mi hija nació, se la llevaron directamente a cuidados intensivos. La entubaron, el hicieron muchos exámenes  porque estaba enferma y no sabían qué le sucedía.  Yo oré, pedí y reprendí pero no veía que mejorara, entonces comprendí que esa situación se convertiría en un proceso que activaría mi fe. Jesús  y mi hija esperaban que yo actuara, no debía quedarme cruzado de brazos y resignarme diciéndole: “Señor, llévatela si es Tu voluntad”  Dios esperaba que yo creyera y que tuviera fe en Su poder.  Para creer se necesita un escenario, circunstancia o momento donde te sientas solo y le busques de la forma correcta. De nuevo, Él espera que le presentes lo que tienes para que haga Su obra, así como esperaba que los apóstoles le dijeran: “Tenemos estos panes, haz  algo con ellos,  sabemos que es poco pero es suficiente para que actúes”. Dios demanda que expreses tu fe al punto que pienses como Él y provoques Su obra.  Te usará cuando vea que  eres sensible a la necesidad  de otros.  Tal como sucedió con aquellos amigos que llegaron al extremo de bajar a su amigo paralítico por el techo para que  Jesús lo sanara. Ellos nos dan una gran lección de fe al buscar su milagro con insistencia. Imagino que dijeron: “Bueno, este es el momento, amamos a nuestro amigo, jugábamos fútbol juntos y  no queremos verlo sufrir más”.  Tu fe provoca el milagro para otros y para ti.

Dios caminará contigo cuando vea que beneficias a quienes te rodean. Si eres director del departamento de ventas y tu equipo logra sus objetivos por tu fe, recibirán un beneficio y Dios te respaldará. 

Hace poco, en Pachuca, México fui testigo de un poderoso milagro provocado por el amor y  dedicación de uno hombres hacia su amigo enfermo. Mientras el pastor Cash compartía el Mensaje, vi a un hombre saltando como loco que decía: “se levantó, se levantó”. Lloraba de alegría porque su amigo se había levantado de la silla de ruedas donde estaba postrado hacía 10 años, víctima de un derrame cerebral. Lo sorprendente  es que era un grupo de guatemaltecos de Coatepeque  que hicieron el viaje en carro con tal de provocar el milagro para su amigo.  Este hombre  caminaba aún con dificultad pero sus ojos  reflejaban su gran confianza en Dios. Uno de ellos me dijo: “Dios me mostró que lo iba a sanar.” Tu fe puede lograr el milagro de otros.  

Pensamientos de bien

Juan 6:1-10 relata el segundo milagro de multiplicación: Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos? Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones.

Mi parte favorita de este pasaje es ver a Jesús probando la fe de los discípulos, esperando que le dijeran: “Haremos lo que digas.  Sabemos que les darás de comer”.  Ante las dificultades también debes decirle lo mismo: “No sé cómo harás pero sé que algo sucederá, dime qué piensas, sorpréndeme”.  El Señor espera encontrar alguien que piense bien en los momentos difíciles. Recuerda que está junto a ti, nunca te abandona  y desea escuchar un pensamiento de bien, quiere encontrar alguien con quien pueda conversar sobre Sus planes y que le obedezca para que se cumplan.

Un día me enamoré tanto que propuse matrimonio pero no tenía dinero para comprar el anillo de compromiso. Le dije a mi futura esposa: “voy en serio”. Empecé a pedirle el anillo al Señor porque estaba pasando una época muy difícil. Mi futura suegra me dijo que haría  planes cuando viera el anillo. Seguramente dirás lo mismo con tus hijas. 

Lo primero que Dios me dio fue el estuche y a partir de allí todo fue un proceso que tomó tiempo. Aunque yo hubiera querido encontrar primero el anillo, Él esperaba un buen pensamiento y obediencia de mi parte para respaldarme y el estuche me decía que iba por buen camino. Pasó el tiempo y mi novia parecía desesperarse porque no había forma que le diera el anillo. Incluso llegué a dudar de mi decisión pero Dios hizo que mis dudas se despejaran y me ayudó a pelear contra esos pensamientos. Un día mi mamá me dijo: “Guardé esto para cuando le sirviera  y creo que el día llegó”,  entonces me entregó  una servilleta  arrugada donde encontré ¡un diamante!  Lo que correspondía entonces, era buscar la montura. La diseñé, incluso hice un modelo donde puse el diamante y lo coticé.  Sabía que Dios quería darme lo mejor, el diamante era de calidad y debía creer por el resto.  Finalmente llegó el día cuando, llorando de emoción, puse el anillo en la mano de quien ahora es mi esposa y madre de mis hijos. 

El Señor siempre demanda nuestra fe y  nos lleva por partes hasta que recibimos en el tiempo justo.   No se trata de cuánto tienes sino de cuánto crees,  tampoco se trata de cómo se inicia sino de cómo se termina.  No es el razonamiento sino Su voluntad. Separa la razón de la fe y déjate guiar por el Señor. Yo no tenía para comprar lo que di a mi novia,  era necesario que viniera algo del cielo y se cumplió cuando mi pensamiento fue como el de Dios y creí sin duplicidad.  Lograrlo no es fácil porque hay que cambiar nuestra forma de pensar y callar las voces de la circunstancia para escuchar solamente la voz del Señor. Entiende que formas parte de un Reino que puede funcionar a  tu alrededor para cumplir todo lo que anhelas.

Pídele al Señor que incremente tu fe  porque solamente Él multiplica todo lo que le das.  Dios quiere encontrar alguien que pelee sus batallas y haga la razón a un lado. Pon tu mirada en Él como lo hacen algunos que conozco que incluso oran por los alimentos con la mesa puesta cuando no tienen nada para comer. Esa seguridad en la provisión divina les ha funcionado y han recibido lo que necesitan.   Tú perteneces a un reino y eres hijo del Rey que está sentado en el trono, tiene el control y hará de acuerdo a la fe que le demuestres. Busca tus pensamientos de bien para que se hagan realidad. No dejes de creer porque Él te ayudará y fortalecerá siempre.                                                        

 

 

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