Buenos administradores de los dones de Dios

Para recibir Palabra y unción debes demostrar que con dominio propio eres capaz de administrarla.

Buenos administradores de los dones de Dios

En Marcos 12:24 Jesús les dijo: ¿No erráis por esto, porque ignoráis las Escrituras, y el poder de Dios?

Ignorar, en  el original no se refiere al que no sabe, sino al que desperdicia la oportunidad de aprender, por ejemplo, aquel que no lee a pesar de saber hacerlo.

Jesús dice que cometen un error quienes voluntariamente se niegan a aprovechar un conocimiento que tienen al alcance de la mano. Errar significa salirse del camino y perder la ruta. Siempre debemos tener el poder de Dios de un lado y la Palabra que sostiene el avivamiento, reforma  y fuego del otro, ambos, acompañados por el discipulado. De lo contrario vamos camino a la herejía.

No es difícil obtener la unción que necesitamos para servir y discipular. Si no recibimos unción de Dios, corremos el riego de creer que todo lo conseguimos con nuestras fuerzas. Por el contrario, cuando sabes que es el poder de Dios el que fluye, estás seguro que todo se lo debes a Él. No luches una batalla carnal para hacer crecer tu ministerio confiando solamente en tus esfuerzos humanos. La unción es la única fuerza que nos cubre, capaz de traer al perdido a los pies del Señor y hacer milagros. Tener unción no es difícil, lo complicado es administrarla.

Nacer de nuevo es fácil pero el proceso de hacer un discípulo es difícil. Aprendamos a recibir, administrar y ministrar la unción que recibimos de Dios.

Jesús, ejemplo de buen administrador

En Lucas 5: 17 dice: Aconteció un día, que él estaba enseñando, y estaban sentados los fariseos y doctores de la ley, los cuales habían venido de todas las aldeas de Galilea, y de Judea y Jerusalén; y el poder del Señor estaba con él para sanar. Jesús enseñaba y el poder de Dios estaba con Él para sanar, pero no estaba sanando, sino enseñando.

Cada vez que ocurre un milagro, el mensaje que da el cielo es: “Mi Hijo tiene poder para perdonar pecados”. Por tanto, administremos el poder que recibimos y perdamos relación con el pecado.

1 Pedro 4:10 dice: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.

Yo administro la Palabra y el poder para glorificar a Dios. Un mal administrador de los dones no puede dar honra y gloria a quien se los dio.

1 Corintios 4:1: Así, pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo, y administradores de los misterios de Dios.

Se requiere de los administradores fieles. Muéstrame como administras tu vida y yo te mostraré el destino que Dios tiene para ti.  Todo necesita administración eficiente, desde la chequera hasta el ministerio. Jesús era un experto administrador. Cuando sanó al paralítico, primero comprobó la fe y luego le dijo al que no podía caminar que se levantara. Su método fue ver, hablar y hacer el milagro. Aunque no siempre hizo lo mismo.

Recordemos que cuando vio los campos, dijo que veía a las ovejas sin pastor, entonces rogó a Dios para que enviara obreros. No todo lo resolvió con milagros. Jesús no dijo que oráramos por la mies, sino que pidiéramos al Señor de la mies que enviara obreros porque la mies está lista.
Para convertirnos en buenos administradores de los dones debemos comenzar con nuestra vida. Si no eres capaz de administrar tu dinero, no serás capaz de hacerlo con los bienes del siglo venidero.

Poder que exige responsabilidad

1 Corintios 2:1-5 dice: Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.

A veces pedimos algo que Dios no quiere darnos porque sabe que aún no es tiempo y aquello se perderá en nuestras manos.  Esa es la razón por la que vemos gente ungida que no sabe administrarse. Es imposible administrar el poder de resucitar un muerto si no puedes ordenar tus cuestiones personales. Algunos incluso, no administran bien su salud porque se alimentan mal y no consultan a un médico si están enfermos. Aún así, pretenden que la gloriosa presencia de Dios los acompañe.

El Señor nos da unción y cometemos el error de administrarla mal. El dominio propio que consiste en autodisciplina y capacidad de obedecer las propias órdenes, es esencial para aprender a administrarnos.

Los líderes y pastores deben ser dueños de su persona para tener la solvencia y derecho de pedir por tierras donde puedan edificar templos que honren al Señor. Hay que empezar en lo poco para aspirar a mucho. Si quieres un avivamiento, demuestra que eres capaz de decirle a tu cuerpo a qué hora debe levantarse todos los días.

La reforma se mantendrá, el discipulado será poderoso y el avivamiento se sostendrá si Dios puede encontrar buenos administradores. Medita, reacciona y actúa conforme es necesario para poder recibir unción.

A veces quieres llevar el amor de Dios al mundo pero hace tiempo que no te sientas con tus hijos a conversar. Algunos están sentados en su casa, temblando bajo la gloria pero a punto de quebrar su ministerio. Otros quizá no fueron capaces de administrar el  pequeño grupo que se reunía todos los domingos en su casa.

Los ungidos debemos ser extremadamente responsables. Ser usado por Dios exige compromiso y sabiduría. Aprende sobre la vida terrenal tanto como sabes de la vida eterna. El Señor quiere que seas feliz y en santidad disfrutes de todo lo que anhela darte. Agradece y aprovecha Su unción. 

 

Participa: