El comienzo de tres generaciones

Honra a tu familia. Padres, hijos y hermanos somos instrumentos de bendición en el hogar

El comienzo de tres generaciones

La familia es un núcleo de formación constante. Todo lo que aprendemos de nuestros padres, hermanos y familiares nos prepara para afrontar los retos de la vida. Las relaciones en el hogar determinan muchas situaciones que ayudan a formarnos como personas y debemos tener conciencia de su gran importancia. Piénsalo por un momento, todos pertenecemos a un círculo familiar, somos hijos y probablemente también somos hermanos. Si aún no eres padre , seguramente lo serás algún día.

Imagina que Dios  decide enviar a Su hijo Jesucristo a la tierra ahora. ¿Crees que existe la posibilidad de que escoja tu casa y a tu familia para recibirlo y formarlo? Si tu respuesta es negativa, definitivamente debes empezar a identificar todas las cosas que necesitas mejorar para que tu hogar sea digno de recibir al Señor.

Los padres tenemos una responsabilidad muy grande. Debemos prepararnos para educar bien a nuestros hijos, aconsejarlos cuando lo necesiten, además de ayudarlos a crecer y servir al Señor. Ojalá todos los hijos digan a sus padres: “si volviera a nacer quisiera que tú fueras mi familia”.

Primer comienzo: honra y respeto

Malaquías 4:6 nos dice:  El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.

Es tan importante la relación entre padres e hijos que la Palabra la pone como condición para recibir la bendición de Dios.  Si los hijos desean recibir bendición, deben honrar a sus padres y viceversa.

Como hijos debemos tener el valor de acercarnos a nuestros padres y preguntarles si han recibido de nosotros toda la honra que merecen. No importa cuántos errores cometan tus padres, ellos merecen respeto por la dedicación, amor y entrega con la que te educan.

Génesis 4: 4-8 relata: Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.  Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.  Y dijo Caín a su hermano Abel: Salgamos al campo. Y aconteció que estando ellos en el campo, Caín se levantó contra su hermano Abel, y lo mató.

Adán y Eva fueron los progenitores de la primera familia sobre la tierra. A pesar de su pecado continuaron juntos y engendraron a Caín y Abel. Luego Caín, celoso de la capacidad y éxito de su hermano, comete un crimen contra su hermano.

Esta Palabra tiene muchas enseñanzas para nosotros.  Primero, como padres debemos tomar en cuenta las diferencias que existen entre nuestros hijos y nunca compararlos o hacer distinciones que puedan ofender a alguno de ellos. Como  hijos es necesario comprender que nuestros padres son humanos y nos aman sobre todas las cosas. Como hermanos debemos compartir nuestros talentos. Mi hermano siempre fue muy bueno para los negocios y yo aprendí mucho de él. Regocíjate del éxito que alcancen los miembros de tu familia porque toda buena voluntad es bendición para tu vida.

Conozco a dos hermanos que lograron ser muy exitosos. Trabajaron y pasaron penalidades, pero el menor reconoce que aprendió del mayor y ahora es tan próspero que tuvo la oportunidad de obsequiar una hermosa casa a sus padres. Nuestros hermanos y hermanas son instrumentos del Señor que nos ayudan a aprender habilidades necesarias.

Segundo comienzo: oportunidad de salvación


Génesis 6:5-8 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.  Y dijo Jehová: Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho. Pero Noé halló gracia ante los ojos de Jehová.

Dios hizo al hombre para que viviera una vida plena y continuara su obra. Era el portador de los genes para poblar la tierra. Sin embargo, su corazón sintió pena y dolor al ver las obras de sus criaturas.  Luego de entregar mi vida al Señor y comprender este pasaje de la Biblia, me propuse no  provocar con mis acciones el dolor del corazón de Dios. Él y mis padres se sentirán orgullosos de su obra. Vale la pena que tú también te hagas ese propósito y lo cumplas.

Más tarde, Dios encontró a un hombre bueno, justo y correcto a quien confiarle una misión.  Entonces Noé fabricó el arca que fue el instrumento de salvación para aquellos que aceptaron la invitación.  Esa arca representa la oportunidad que tenemos de abrirle nuestro corazón a Jesús y reconocerlo como Señor y Salvador para contar con la vida eterna.  Dios quiere que seas esa arca que lleve salvación a tu familia. Porque está escrito: “serás salvo tú y tu casa”.  A Dios siempre le ha interesado que el Reino se establezca a través tuyo. Le interesan tus hijos y tus nietos aunque no los tengas todavía.  Desde que Su Espíritu mora dentro de ti,  te prepara para que tu descendencia reciba la salvación.

Piénsalo, tu familia puede ser rescatada de acuerdo a tu obediencia. Puedes ser el Noé a través del cual llegará la salvación.  Probablemente esa es la razón por la cual el diablo se ha ensañado contra ti y has tenido que sortear adversidades. Yo estoy aquí gracias a que mi hermana menor oró, nos insistió y predicó hasta que logró compartirnos la salvación. Ella fue Noé en nuestra casa. Así que confía porque eres instrumento de bendición del Señor.

Noé también enfrentó un problema. Tuvo un hijo que descubrió una debilidad de su padre. Contó algo íntimo y lo deshonró. Dice la Biblia que quien maldiga a padre y a madre, muera irremisiblemente. 

Hijos, honren a sus padres. En un tiempo yo hablaba mal y renegaba del mío.  Siempre dije que nunca sería como él y sin darme cuenta comencé a imitarlo.  Pero Dios hizo que mi corazón volviera hacia mi padre y ahora nos amamos entrañablemente.

Cambié de tal forma que antes de casarme escribí todas las bendiciones que la Biblia narra de un padre hacia un hijo. La bendición de Abraham sobre Isaac, la de este sobre Jacob y muchas otras. Llamé a mis padres, me hinqué y le dije: “Quiero que me vaya bien en la vida y les pido que me bendigan.  Acá está todo lo que necesito que digan sobre mi”.  Mi padre lo hizo y recibí su bendición. Dios quería un nuevo comienzo para mí. Ahora que también soy padre, comprendo muchas cosas y le pido al Señor que mis hijos algún día me digan: “si volviera a nacer quisiera que fueras tú mi padre”.  Los amo e intento formarlos como buenos cristianos.  Educa a tus hijos con amor y valores, bendícelos todos los días de tu vida. 

Tercer comienzo: bendición abundante

Génesis 12:1-3 Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

Dios escogió a Abraham. Encontró en él la genética que quería multiplicar. Para ello era necesario sacarlo de su tierra, separarlo de sus padres y permitir que buscara su camino. De igual forma, el Señor ha sembrado en ti muchas cosas para que seas un Abraham y poder iniciar contigo un antes y un después de Cristo.  Tu vida debe reflejar esa diferencia para que Él te tome como simiente para formar una gran nación.

Nací en la ciudad de Quetzaltenango al occidente de Guatemala.  Con mi familia migramos primero a Malacatán, en el departamento de San Marcos y luego a la capital. Yo renegaba de tantos cambios, no quería venir a la ciudad, mis pensamientos no eran los del Señor.  Si me quedo allá y no doy honra a mis padres con la obediencia,  quizá hoy no estaría donde estoy. Pero el plan perfecto de Dios se cumplió.

Llevas una genética que el Señor quiere multiplicar en una nueva generación. Tus hijos aprenderán de ti el servicio, la fe y fidelidad a Dios y sus designios.  Asegúrate de formar un hogar donde Jesús puede habitar en cualquier momento.
 
Hijos, honren a sus padres porque de su boca viene la bendición que Dios ofrece a cada uno. Hermanos, aprendan juntos y busquen el bien común. El Señor quiere prosperar familias unidas.  Aún en medio de los problemas y limitaciones, clamen  y luchen juntos porque la bendición no se hace esperar para las familias que se aman.  En tu casa están los hombres y mujeres que renovarán la sociedad.

No importa cuál es la situación particular de tu familia.  Si solamente tienes madre, bendícela doblemente. Si no tuviste padres, con más razón prepárate para amar y cuidar a tus hijos.
 
Entrégale tu familia al Señor y pídele ser tú quien marque el antes y después de Cristo. Antes podría haber maldición, enfermedad, pero ahora habrá vida, eternidad y bendición. Lucha por tus hijos. Tú serás el instrumento para que Dios establezca Su reino en tu hogar.

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