Adoradores en espíritu y en verdad

Nuestros ojos y entendimiento deben abrirse para creer Las Escrituras.

Adoradores en espíritu y en verdad

Al leer el Capítulo 4 en el libro de Juan, la historia de la Samaritana nos muestra cómo Jesús se vale de muchos recursos para confrontarnos y obrar en nosotros.  De este pasaje podemos extraer infinitas enseñanzas. Una de ellas es descubrir y conocer a los diversos tipos de adoradores que existen. Básicamente nos muestra tres diferentes.

Los adoradores

En Juan 4:21-24 leemos: Jesús le dijo: Mujer, créeme, que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos. Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

El primer tipo es el de  los samaritanos. Adoradores paganos que se postraban ante falsos dioses y por eso eran rechazados por los judíos. Quizá en un tiempo remoto fuiste de este tipo de adoradores. Pero ya no más. Ahora estás ante la presencia del Dios verdadero y le adoras con todo tu ser.

El segundo tipo es el de los judíos. Poseedores de La Verdad revelada y escrita. La conocían pero no la practicaban o la mal interpretaban a su conveniencia. A veces podemos ser así, adoradores que poseen pero desperdician La Palabra.  Hay personas que tienen mucho tiempo de conocerla, incluso se sienten frustrados cuando reciben un mensaje que ya han escuchado; buscan novedad, tienen sed de Palabra, pero dejan que se seque sin dar frutos, no son adoradores completos. Están vacíos.

El tercer tipo es el de los adoradores verdaderos. Aquellos en espíritu y en verdad.  Que no sólo tienen hambre y sed de la Palabra sino que también la toman como cierta en sus vidas y la reflejan.  Los verdaderos adoradores son quienes conocen y revelan a Jesucristo y al Espíritu Santo donde se encuentren.

La Trinidad

Para ser un verdadero adorador debes conocer a tu Señor en sus tres manifestaciones. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, uno solo que se revela de tres formas diferentes.

Dios Padre se manifiesta reconfortándote y consolándote en momentos de tribulación. Siempre ha estado junto a ti. Si proclamas su existencia y le pides que obre en tu vida, tomarás tu lugar como su hijo predilecto. Incluso los ateos que se dicen no creyentes, lo reconocen al decir: “Yo no creo en Dios”.  Porque el sólo hecho de nombrarlo es reconocerlo.

Dios Hijo Jesucristo, nuestro Salvador se manifiesta cuando eres confrontado, crees y te bautizas como cristiano.

Dios Espíritu Santo se manifiesta cuando eres lleno de su Gracia y permites que  obre con toda su grandeza.

No es fácil reconocerles, pero la fe complementa lo que al entendimiento parece imposible.  Cada una de las tres diferentes manifestaciones del Señor tiene su tiempo y se necesita mucha oración y entrega para descubrirlas y aprovecharlas. Debemos cuidarnos de no levantar doctrina falsa que hable solamente de una de las tres Personas.  No podemos hablar sólo del Padre, del Hijo o del Espíritu Santo. Es preciso reconocer y adorar a los tres que son uno.  Como la cáscara, la yema y la clara forman un huevo.  Necesitamos mucho del Señor y de su Espíritu para entender esto.
Ser adoradores de verdad

Dios quiere verdaderos adoradores. Aquellos que conocen y abren su corazón a las tres manifestaciones de su amor.

Hechos 16: 14 nos relata: Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía.

Para comprender y  recibir es necesario un corazón dispuesto como el de esta mujer. Contrario a lo que el mismo Jesucristo resucitado encontró en sus discípulos cuando se les apareció por el camino.

En Lucas 24:16 leemos: Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen.   El mismo Jesús cubrió los ojos de los discípulos porque quería descubrir qué había en sus corazones. Cuídate de nos ser como ellos que recibieron palabra de la boca del Hijo y aún así no le reconocieron. Pide al Señor que abra bien tus ojos y tu corazón.

Lucas  24:25 continúa: Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!

Lucas 24: 31 dice: Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Nuestro privilegio  en la actualidad es más glorioso que el de los discípulos, porque aún sin verlo creemos en Él.

Lucas 24: 45-49 culmina: Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

Recuerda que Jesús busca momentos para conocer y probar tu fe, como hizo con los discípulos en esa caminata. Quiere saber qué hay en el corazón donde ha sembrado tanto.  Tu fe debe dar frutos. Todo lo que recibes del Señor debes multiplicarlo y ponerlo al servicio de Su Obra.  

El verdadero adorador es verdadero profeta

El Señor quiere darnos más de su espíritu y para lograrlo debemos ser transformados. Así como el apóstol Pablo.  En el momento que recibió al Señor cayó postrado, quedó tres días sin ver, ni comer. Entonces Dios le dio instrucción y Ananías oró por él.  Así Pablo recobró la vista, se fortaleció en el Señor y predicó El Evangelio.

Necesitamos reposo y tranquilidad  para reconocer que el Señor se manifiesta en tres Personas. Así estaremos preparados para aceptar la instrucción, obedecer y  ser llenos del Espíritu Santo.  Si reconoces a Dios Padre, debes también reconocer a Jesucristo como Salvador y al Espíritu Santo en sus maravillosas manifestaciones.

Pide al Señor que abra tu corazón para conocerle y trabajar en su obra.

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