Cuando Dios Corrige

En la medida que conozca a Dios va a conocer cómo funciona su Reino; en su vida se van a evidenciar todas las promesas que Dios dejó

Cuando Dios Corrige

Para poder tener una mejor relación con Dios, tenemos que conocerlo mejor. Vamos a la iglesia, pero hay más allá que podemos conocer. En la medida que conozca a Dios va a conocer cómo funciona su Reino; en su vida se van a evidenciar todas las promesas que Dios dejó. Aprender a vivir en él es algo que hay que descubrir, y a veces, lleva tiempo. A usted le van a preguntar por qué se diezma, por ejemplo. Si usted responde que porque en la iglesia dicen… esa no es una buena respuesta. Tenemos que tener las convicciones correctas, el fundamento correcto de por qué hacemos las cosas. Yo crecí en una religión donde me decían lo que tenía que hacer, pero nunca encontré en la Biblia lo que decía. Yo empecé a escudriñar lo que decía la Biblia sobre lo que debía hacer. Estamos aquí para conocer más de Dios para tener una mejor relación con él. Sus hijos van a conocer tanto de Dios como usted tenga de Dios en su vida. Sus hijos van hablar como usted habla de Él. Sus hijos se van a relacionar con El como usted lo hace, o sus hijos no van a querer saber de Dios porque no es congruente lo que dice con la vida que lleva. Cuando empecé a estudiar este mensaje, vino a mi mente un hombre que tiene una cajetilla en su mesa, y está tratando de corregir al hijo diciendo que no tiene que fumar. Es normal, instantáneo que el hijo diga: “Papá, si tú lo haces”. El padre dice: “Aunque yo lo haga, pero soy mayor que vos. Tenemos que entender que hay cosas en nuestra vida que por mucho que queramos hacer, no podemos tapar el sol con un dedo.

 

En Hebreos 12 hay algo que me sirvió mucho para poder entablar una mejor relación con Dios. Verso 3 Considerad aquel que sufrió tal contrariedad de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.

 

Si usted vino desanimado, yo le he pedido a Dios que ese estado emocional cambie en su vida hoy, porque es peligroso. El desanimo es enemigo de la fe, pone la cara fea. El corazón alegre hermosea el rostro, el amargado lo arruga, lo entristece, se ve demacrada la persona que tiene un corazón triste. Yo quiero decirle esta noche que no importa con cuanto dolor, tristeza o preocupación venga a esta reunión, usted no va salir igual de este lugar, porque yo le pedí a Dios que toda persona que viniera desanimada, saliera con un ánimo diferente, con ganas de vivir, con ganas de enfrentar todo lo que se puso frente a usted. Hay un momento donde uno se debe de hartar de estar peleando y que no salgan las cosas. ¿Cuántos de ustedes les ha pasado que en la Biblia dice una cosa y lo que usted vive es contrario? Pero llega el momento en que uno se cansa que eso pase, pero uno tiene que avanzar y perseverar, no tirar la toalla. Perseguir lo que ahí dice hasta el cansancio y no desmayar hasta que salga lo que en la Biblia dice. O usted es de los que dicen: “Es que no es el tiempo de Dios. Él sabrá, pero yo voy a permanecer creyendo, porque si dice la Biblia que Dios lo hizo con ellos, lo hará también conmigo”. Tengo que creer en algo, aferrarme en algo, mientras estoy teniendo adversidad, sino ésta hace conmigo lo que quiera.

 

Hebreos 12 habla de identidad, seguridad, de corrección. Quiero contarle que usted y yo estamos en un proceso. Necesitamos ser corregidos, nadie es perfecto. Hay deformaciones que necesitamos que Dios cambie en nosotros para que se evidencie un ser distinto. ¿Cuántos de ustedes hace tres años que recibieron a Jesús como su Señor y Salvador? ¿Hace cinco años? ¿Hace siete? ¿Ocho? Hace ocho años que conoció al Señor, usted tenía una manera de pensar. Pero ahora su mente ha sido renovada. Su corazón ha sido renovado. Yo le aseguro que cuando usted luego de haber pasado cinco años de haber escuchado a Dios y leído también, en quince años, sus pensamientos será mejores. La Palabra de Dios ha venido a renovar nuestro entendimiento, nuestros pensamientos y nuestro corazón. Significa que de aquí a cinco años, sus pensamientos van a ser mejores que hoy. Quería irme por ahí para que podamos comprender qué va a pasar. Al día de hoy, aunque nuestro entendimiento es mejor, no significa que hasta ahí llegó, sino vamos a ir a una renovación mejor. Y eso está en función a lo que Dios haga en nuestra vida. Todos necesitamos ser corregidos. La corrección es una manifestación del amor de Dios para todos nosotros, el problema es que nos cuesta recibir.  Versos 4 al 9. Porque no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él. Porque el Señor al que ama disciplina, de lo cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mejor al padre de los espíritus y viviremos?  

 

¿Por qué aparece la raíz de amargura cuando se está hablando de disciplina? Porque puede salir por la falta de disciplina o por falta de aceptación de ésta. Yo creo que esto surgió de algo que le pasó a Dios en el Antiguo Testamento. Había un desafío que tenía Dios y lo compartió con Moisés y consistía en hacer llegar al pueblo de Moisés al pueblo de las promesas. Pero este pueblo reaccionaba de diferente forma cada vez que Dios hacía algo.

 

Yo encuentro en la Biblia a un grupo de personas muy grande, cuyo plan era que estuvieran cuarenta días en el desierto, y sus equivocaciones hicieron que fueran 40 años; no fue algo que Dios decidió, sino algo que ellos hicieron. Por lo tanto, tenemos que asegurarnos en nuestra propia vida que no estemos haciendo las mismas cosas que ellos hacían, porque el resultado puede ser el mismo. Podemos estar dando vueltas en el mismo lugar. ¡Qué triste sería que pudimos alcanzar algo en tan poco tiempo y nos costó tantos años llegar a eso! Yo le hablaba de que recordara esta palabra: “ánimo”. En el corazón hay muchas cosas que uno lleva dentro: ánimo, tristeza, voluntad, desánimo. Y lo peor es que nos pase lo mismo que a alguien más le pasó. El nos quiere corregir. 

 

Números 21: 1. Cuando el cananeo, el rey de Arad, que habitaba en el Neguev, oyó que venía Israel por el camino de Atarim, peleó contra Israel y tomó de él prisioneros.

 

Encontramos a un pueblo que viene conquistando, ganando victorias y dice que tomó prisioneros del pueblo de Israel y éste hizo un voto: Necesitamos que hagas algo a favor nuestro e hicieron un voto. Ahí descubrí algo: El pueblo del Señor se maneja de la siguiente forma: si tú nos bendices, entonces nosotros haremos esto o aquello. Siempre hay una condición antes. Dios los oyó y dijo: “Está bien, los voy a ayudar, a restaurar”. Dios les dio la victoria. Están en un día glorioso, han ganado, vencido y todos somos testigos y hemos vivido en nuestras vidas nuestras victorias. Logramos vencer esos obstáculos, sabemos qué se siente, hay un ánimo. Algunos sentimos bien, sabemos que Dios está con nosotros, hicimos un voto: “Señor, si tú me bendices, entonces yo te prometo…” o “Si tú me das este negocio, si tú quitas este estorbo… entonces  yo haré algo”. Y todas esas cosas vienen por añadidura. Usted está feliz y satisfecho porque ha visto lo bueno que ha sido Dios con usted. El pueblo de Israel se llevaba así con Dios, y El les dio la victoria. Verso 4. Después partieron al monte de Hor, camino del Mar Rojo, para rodear la tierra de Edom; se desanimó el pueblo por el camino. ¿Qué nos pasó? Primero que todo, ¿qué pasó con el desánimo? ¿Por qué aparece precisamente un momento después que las cosas van bien? ¿Por qué a veces en las cosas más sencillas descubrimos las cosas más grandes? ¿Cuántos de ustedes tienen hijos? Dígame en las cosas que usted más valora que sus hijos hagan y dejen de hacer. Pero dígame cualidades que valora como padre, que valore que ellos hagan. Por ejemplo, que sea obediente. La obediencia es algo que atrae el corazón del Padre, nos gusta que nos obedezcan, y sabemos que les irá bien en la medida que lo hagan. Nos gusta que sea responsable, respetuoso, seguro de sí mismo, que busque de Dios, que sea noble. ¿Qué más hay en sus hijos? Que sean humildes. Dígame si no le gusta que sus hijos compartan. No le ha pasado que pasaron a un lugar, compraron una papas fritas, y le dicen: “Mijo, aquí están tus papas”. En eso, le dice “dame una,” no le deja comerse ni la mitad de una. ¿Cómo es posible que no le pueda regalar la mitad de una?  Dígame si no ha tenido que trabajar con el enojo, la tristeza. A usted no le ha pasado, a mí me dolió mucho cuando le di el primer paletazo a mi hija, y me dolió más cuando dijo: “Es que no me quieres…” 

 

Y cuando los hijos le piden y piden, y no puede apagar ese sueño, pero a veces no se puede. Somos muy buenos para ver de aquí a nuestros hijos, pero no somos muy buenos para vernos como hijos.

 

Números 21:5

 

Y habló el pueblo contra Dios y contra Moisés: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para que muramos en el desierto? Pues no hay pan ni agua, y nuestra alma tiene fastidio de este pan tan liviano. Veníamos de una victoria, había un rey que había tomado prisioneros. Enfocamos a Dios, y El nos respondió, pero seguimos nuestra mancha. Había calor, es difícil seguir en el desierto, y hubo un día en que nos desanimamos, nos hartamos de estar en el desierto, de comer el mismo pan. Cómo que Dios nos quería mantener siempre igual y hubo un día en que nos desanimamos. Nuestra alma tomó el control de nuestros pensamientos. Dice el verso 5 que el pueblo habló contra Dios y Moisés. ¿Cómo puede haber gente que diga que se va a morir en el desierto, habiendo Él dado la respuesta? Dios le dijo a Abraham: “Mira las estrellas, así será tu descendencia”. Dios para bendecir, sí se va al extremo. Yo estoy seguro que aquí hay personas que cuando les tocan una tecla, se transforman. Pero ya usted está aprendiendo a manejar su enojo. Aquí encuentro a Dios realmente molesto. ¿Usted cree que Dios estaba contento? Dios no es así. Pero ellos mismos se equivocaron. Verso 7 Entonces, el pueblo vino a Moisés y dijo: Hemos pecado por haber hablado contra Jehová, y contra ti; ruega a Dios que quite de nosotros estas serpientes. Y Moisés oró por el pueblo. ¿Por qué Dios no cortó las serpientes? ¿Por qué las dejó? ¿Por que tenían que permanecer las serpientes ahí? Porque era la única manera que iba a sacar la maldad. Dios los bendijo, invocaron a Dios, pero el problema es cuando ponemos la mirada en las cosas que no han salido como queremos. Nos fijamos en lo malo que no tenemos y no vemos lo bueno que sí tenemos. Venimos a reclamarle a Dios porque nos enfermamos, pero nunca le damos gracias a Dios por todos los años que estuvimos sanos. Le reclaman a Dios que ya no vive su mamá o su hermano, por los seres que ya no están, pero no damos gracias por los que tenemos. Renegamos porque en el trabajo nos va mal, pero nunca damos gracias por lo bueno. 

 

Eso fue lo que les pasó a ellos. No vieron las victorias, sino la condición en el desierto. Se cansaron y empezaron a ver las cosas que Dios les había dado como livianas. Y cuando dejamos ese espacio en nuestro corazón, no podemos ver que Dios te puede hablar en la calcomanía de un carro, eso puede ser suficiente para cambiar el corazón de alguien. A veces nos sentimos muy bien con un mensaje, pero otras, nos sentimos confrontados, pero Dios habló. ¿Usted cree que a Dios le gustaba verlos muertos? No, ¡si eran sus hijos! Dios nunca quiso matarlos en el desierto. ¿Dónde hay un Dios que quiere dejar a sus hijos sin comer? El peor error es menospreciar aquellas cosas que parecen sencillas, pero no podemos obviarlas, no podemos caer en el menosprecio. Tal vez no tiene todo lo que quiere, tal vez está desesperado por lo que no ha sucedido, pero no ponga su mirada solamente en eso, sino en lo que Dios ha hecho por usted. Y Dios se enojó y tuvo que mandar serpientes. ¿Sabe por qué es tan extremista esta decisión de Dios? Porque se contaminaban unos con otros. El día que usted permita que los pensamientos y sentimientos de una persona amargada, triste, dolida, decepcionada, el día que lo logren contaminar, aunque usted no esté viviendo nada malo, ya es parte de ellos y va a empezar a ver todo lo malo que pasa y no va a ver todo lo bueno que nos ha pasado, nos está pasando y nos va a pasar. Es cierto, todavía no tiene todo lo que espera, aún hay cosas que falta que se cumplan en usted, pero no deje de ver todo lo que Dios ha hecho, porque eso es lo que lo va mantener. El desánimo no le va a ayudar en nada. Yo le decía al Señor ¿Por qué dejaste las serpientes? Porque a veces somos seres humanos que necesitamos que las cosas vayan mal para voltear la mirada en Cristo, para volver a leer la Biblia. ¿O somos de los que por mal queremos? ¿De los que necesitamos una serpiente para caminar? ¿Necesitamos de una enfermedad para volver a orar? ¿O que nos despidan para dar gracias a Dios por lo que tenemos? ¿O estar presos para valorar? Los seres humanos somos de los que esperamos que nos pase algo malo para acercarnos a Dios. A veces, necesitamos de un accidente de carro para que la amante pierda la vida, y digamos “Dios sí se enojó”.

 

Hebreos 12. Quiero su obediencia, su disposición, su corazón; quiero formarlos como personas que siguen mis mandamientos, y aunque sea necesario pasarlos por un momento difícil, saben que nunca va a ser más difícil de lo que van a soportar, saben que nunca me voy a apartar de ellos, que es temporal porque estoy por entrarlos a una tierra en la cual fluye leche y miel y todo aquello por lo cual han creído todo este tiempo, no los voy a defraudar, no me voy a apartar de ellos y lo voy a cumplir. Sé lo que necesitan antes que me lo pidan, yo ya lo sé. No se le olvide esto: El más interesado en verlo bien a usted es Dios, su deseo no se compara en intensidad a como Dios lo ve. Pastor, ya me lo han dicho muchas veces, pero usted no entiende lo que estoy viviendo. Quizás son muy difíciles las cosas, pero le puedo decir que el día que empiece a ver todas las cosas buenas que Dios le ha hecho, van a empezar a cambiar las cosas. Usted no se puede quedar ahí, no fue hecho para el desierto, para la tierra prometida. La tierra prometida es aquí, el cielo va a ser otra condición. Si la vida aquí va a ser una desgracia, ¿por qué Dios promete las bendiciones? Si la vida es así, ¡mejor que nos lleve hoy! Revise su corazón, sea agradecido. Le hablé de esto porque le quiero pedir a Dios que usted sea de las personas que no se tarde 40 años para obtener algo, que no se haya estado en el desierto por 40 años por no dejar que su corazón se corrigiera.

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