La expectativa de un año mejor

Muchos de los que están aquí pueden decir que este año fue un buen año, un año en el que alcanzaron todas las metas que se propusieron a inicio de año, muchos dirán lo contrario, dirán que les fue mal, que fue un año complicado y duro.

La expectativa de un año mejor

Hay algo poderoso que está a nuestro alrededor y puede definir lo que vamos a hacer de aquí a cinco o diez años, algo que puede marcar nuestra vida si lo permitimos. Lo que define nuestra vida es el contexto, las circunstancias.

1 Reyes 17:8-13 Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo:     Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente.     Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.    Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.     Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.      Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo.

Esta mujer estaba viviendo circunstancias difíciles y lo que iba a hacer era usar lo último que tenía, para ella su vida ya había terminado, se iba a dejar morir.   Las circunstancias nos pueden llegar a matar porque nos hacen perder la esperanza.  Cuando el ser humano no logra alcanzar lo que quería se deja morir, en esta parte de la palabra vemos que esta mujer había llegado a estar tan mal emocionalmente que lo vio todo perdido, no sólo se iba a dejar morir ella, también iba a dejar morir a su hijo.  Las circunstancias hablan, ella las escuchó y se dio por vencida, ella dijo: “Hasta aquí llegamos mi hijo y yo”.  Pero apareció un profeta, Dios llega a tiempo, nunca tarda, nunca se retrasa.

Debemos presentarnos delante de Dios con la expectativa de que las cosas deben cambiar y mejorar, no podemos permitir que lo malo que ha sucedido ahogue nuestras expectativas y acaben con nuestra vida.

Esta mujer representa la condición de muchos de nosotros cuando la cosas van mal y dejamos de luchar, nosotros nos cansamos, nos debilitamos, perdemos el ánimo, pero no podemos ser de las personas que se quedan allí, no podemos empezar un año nuevo con la mentalidad de que las cosas van a seguir mal.

Debemos barrer esas ideas que nos dejó este año o años pasados ¿Con qué expectativa va a empezar este año?  Hay gente que guarda dentro de su corazón la frustración que dejaron las malas experiencias, muchos ya se acostumbraron al estilo de vida que llevan, se acostumbraron a aguantar que las circunstancias digan qué va a pasar en su vida, el problema de eso es que va a desesperarse y va a llegar el punto donde diga como esta mujer “Ya no hay nada más que hacer”. 

Cuando estaba buscando a Dios antes de encontrar este pasaje, me mostró la vida de gente que se propuso cosas a principio de año y no lo lograron, vi a personas que no lograron superar vicios, se acostumbraron a ellos, enfermedades que permanecen allí y se acostumbraron a ellas, conflictos familiares que siguen y termina el año y no se arregló nada.   

Vamos a ver el caso de otra mujer.

Marcos 5:21-34 Pasando otra vez Jesús en una barca a la otra orilla, se reunió alrededor de él una gran multitud; y él estaba junto al mar.     Y vino uno de los principales de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vio, se postró a sus pies, y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.     Fue, pues, con él; y le seguía una gran multitud, y le apretaban.     Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre,      y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,     cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto.     Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.     Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.      Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?     Sus discípulos le dijeron: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?  Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto.      Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.    Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

Había mucha gente queriendo saludar y tocar a Jesús, pero había una mujer que tenía una enfermedad por 12 años, esa enfermedad era denigrante, era una mujer rechazada, inmunda, se gastó todo lo que tenía en médicos y cada día le iba peor.   Esta mujer habiendo perdido todo, salvó algo en ella y fue la esperanza, la esperanza de creer en un milagro, la esperanza de ver más allá, ella dijo “Voy a ir a buscar a Jesús y si tan solo toco el borde de su manto”.    Ella es muy diferente a la viuda de Sarepta porque habiéndolo gastado todo ella dijo “Aquí todavía hay algo, no tengo dinero, no tengo nada pero si toco el borde de su manto seré sana” ella se abrió camino entre la multitud.  Entre todas las personas que estaban con Jesús, ella hizo algo diferente a los demás, ella tocó al Maestro al igual que todos, la diferencia fue la fe con la que lo hizo.  Esta mujer llevaba algo dentro de sí capaz de sacar del Maestro un milagro, Jesús no estaba predicando, ni sanando, él no le dijo a ella directamente que la iba a sanar, tampoco declaró una palabra de sanidad, lo que ella hizo fue tocarlo con fe, en medio del peor momento de su vida salió un destello de fe que logró sacar un milagro de Dios.

Usted debe ser una persona que le saque cosas a Dios, usted puede recibir el milagro que usted necesite, no es lo mismo decir que se va a orar con resignación por el año que termina, es necesario declarar con fe que las situaciones cambian y que el año que empieza será mejor que el que termina.

Marcos 5:34 Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.

Orando a Dios empecé a ver algunos hogares que se sentaron a la mesa  a dar gracias pero  conformes,  vi otros hogares donde familias se tomaban de las manos y cada persona escribía sus sueños y anhelos y se los presentaban a Dios diciéndole que le estaban creyendo con todo el corazón, decididos a creerle, dispuestos a  limpiar el  corazón de todo lo que les dejó el año, con su mirada puesta en los tiempos nuevos que Dios tiene para ellos, sabiendo que Dios sigue vivo, que no se ha olvidado de ellos.

Hay que barrer la casa del desánimo, de la tristeza, no puede dejar que nadie viva frustrado, no comience el 2008 sin tener un destello de fe como el de esta mujer, toque el borde del manto del Señor, su fe sacará un milagro, cuando ore con su familia, sáquele algo a Dios nunca salga de la presencia de Dios sin algo para su vida.

A la viuda de Sarepta le faltó barrer la casa, no es lo mismo lo que recibieron estas mujeres, Jesús está aquí, decida si va a ser del montón o si va a ser de los que se acercan a Jesús con fe para arrebatar un milagro para usted y su familia. Barra su casa, su fe tiene que mover la mano de Dios.

Hay cosas por las que le creí a Dios a principio de año y no las tengo todavía pero yo le dije al Señor “No te suelto, no te dejo hasta que me bendigas”.  Este mensaje no sirve de nada si no va usted a la presencia de Dios a ponerse cara a cara con él a decirle “No me voy hasta que me bendigas”.  Preséntese delante del Señor y dígale “Vine a tocar tu manto, vine a sacar un milagro de ti”.

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